martes, 7 de agosto de 2012

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Casta de intocables

'Hay que recordar para quien no lo sepa que la esencia del funcionariado está en servir al ciudadano y no al poder de turno'
Nadie me contrató a dedo cuando empecé a trabajar en la que desde 1984 ha sido mi forma de ganarme el sustento, la enseñanza. Aprobé una oposición en la que nos presentamos, solo en mi tribunal, 300 aspirantes para nueve plazas. Ni tuve padrino, ni madrina ni conocía a nadie del tribunal ni de ningún partido político que me enchufara. Tampoco lo busqué.

Después de cuatro exámenes eliminatorios conseguí una de esas preciadas nueve plazas y desde entonces no he hecho otra cosa que trabajar por mis alumnos sin mirar horas, ni tiempos, ni esfuerzos. No me siento miembro de ninguna casta privilegiada por encima de nadie. Accedí a un concurso público profundamente democrático en el que cualquier ciudadano con la titulación requerida tuvo las mismas oportunidades de demostrar su valía.

A partir de ahí nadie me ha dicho jamás lo que debía o no debía hacer en mi clases. He hecho uso de mi libertad de cátedra para transmitir a mis alumnos aquello que en conciencia he creído que era lo mejor.

Tampoco considero que el mundo de la enseñanza sea ningún grupo de presión, ya me gustaría a mi, para poder meterlo en la definición de casta. La única cuestión que considero que me diferencia de otros trabajadores es que por mis condiciones de acceso a la función pública mi puesto de trabajo no está al arbitrio del político de turno. Pero hay que recordar para quien no lo sepa que esa es la esencia del funcionariado, no servir al poder sino al ciudadano.

En la época del turno de partidos cada vez que un partido era desalojado del poder toda una cohorte de empleados públicos puestos a dedo por la administración saliente acababan en la calle y eran sustituidos por los nuevos empleados, puestos también a dedo por quien se hacía cargo de la administración. Y así una y otra vez.

Es esa característica la que nos hace especiales, no servimos a los partidos políticos sino a la gente, no estamos sometidos a las arbitrariedades de quienes trabajan por intereses particulares en vez de por los generales. Lo cual no quita para reconocer que desde el poder político se ejercen presiones y se intenta distorsionar con fines espurios esa independencia.

Pero sí que conozco asociaciones de empresarios de todos los sentidos, constituidas, no sé si en castas, pero sí en lobbys de presión para conseguir que los gobiernos legislen con normas favorables a sus intereses pasando de forma inmisericorde y también miserable sobre los intereses de los trabajadores. Despidos improcedentes convertidos en procedentes, reducción de los días de indemnización, reducción de derechos laborales... y si se puede convertir al trabajador en casi un siervo sobre el que ejercer toda la violencia posible.

No hace falta buscar mucho, basta con leer la actual reforma laboral del Partido Podrido para comprobar a que aspira esta casta. Y no se dan todavía por satisfechos, aún quieren más. Más trabajo, menos derechos, menos salarios.

Los métodos que deban utilizar no importan puesto que el dinero abre todas las puertas de acceso al poder. Pero no solo eso, basta fijarse en el anterior presidente de los empresarios, de cuyo nombre no me quiero acordar, para percatarse que paso como modelo a seguir alguien que hoy debe responder ante la justicia por sus múltiples delitos económicos.

Casta, lobby, no sé. Gente poco recomendable y de moral más que dudosa, sin duda. Son lo que son y por lo que son, los intocables, porque ensucian lo que tocan.

1 comentario:

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