jueves 12 de enero de 2012

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Sin dinero, el fornicio es lo único que nos queda

Cuantos años oyendo aquello de que los tres grandes enemigos del alma eran el mundo, el demonio y la carne y cuando ya creíamos que era algo del pasado vuelve a aparecer el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, a advertirnos nuevamente de los peligros de la carne. No porque tenga elevados índices de colesterol o triglicéridos sino porque pueden hacer caer en el pecado más horroroso al alma.

Y ahora los culpable son los institutos, me imagino que se referirá a los públicos, esos antros de perversión que manipulan las mentes de nuestros hijos e hijas y les incitan a la fornicación. Porque hay que ser castos, según el prelado, antes del matrimonio, en el matrimonio y fuera del matrimonio. Referirse al sexo, hablar de sexo, practicar sexo es caer en la más terrible animalidad. Al final va a ser verdad aquello de que todo lo bueno engorda o es pecado.

Como padre y con hijos que están en la edad de las primeras experiencias sexuales no seré yo quien les incite a que lo practiquen aunque sé que llegará el momento en que la cosa suceda. Procuraré que sea de la forma más natural posible y con la mejor información y formación que les pueda dar para que en ningún caso se me conviertan en animales, ¡Dios no lo quiera!

Eso sí, no he observado ningún indicio de que en los centros educativos donde acuden se les aleccione a la práctica sexual o si quiera se les malinforme sobre el tema. Estese pues tranquilo eminencia. Es posible, en cambio, que si cae en sus manos algún que otro periódico muy, muy, pero que muy de derechas se encuentren con anuncios de prostitución que sí que incitan a ese tipo de prácticas. Tal vez el sr. obispo se refiera a eso pero es curioso que no critique precisamente esos medios que se declaran tan católicos y engrosan sus arcas con anuncios tan poco edificantes.

Lo que si que me preocupa son determinadas mentes enfermas que ven la parte sucia donde solo hay una expresión natural de la vida, que sólo ven pecado donde hay más afecto e incluso amor del que se pueden figurar.

Y para acabar una reflexión final. Aparte de la gente joven, que no es tan sucia como se imaginan estas mentes retorcida, existimos una legión de adultos que después de los disgustos diarios que nos da el mundo, intentamos pasar todo lo que podemos del demonio a pesar de que ya nos han montado el infierno en esta vida, y lo único que nos queda es la carne. Déjenos follar a gusto aunque sea una vez a la semana y no nos toque más las narices. Ustedes siempre ocupándose de cuestiones de rabiosa actualidad.

8 interesantes opiniones:

  1. Sinceramente, creo que mi amigo David tiene razón, le damos más importancia nosotros a lo que dicen estos carcamales degenerados y pederastas que la feligresía de su parroquia. Así que, por mí, como si bailan la muñeira todos juntos, agarraditos de la mano. A mí lo que diga el tiparraco ese, plin.

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    1. Pero te lo ponen a huevo para que se les responda.

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  2. jaja, tienes razón, los jóvenes son más limpios que Berlusconi, por poner un ejemplo aleatorio, jaja. La limpieza o la suciedad no tiene que ver con la edad, ni tampoco con el sexo. Ni con el sexo género ni con el sexo que se hace.

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    1. El pecado está en sus mentes y en sus ojos. Los jóvenes, en general, son mucho más sanos.

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  3. Es que la neurosis reprimida no deja ver la acumulación de vigas en el propio ojo, empezando por la corrupción de menores. Ni siquiera siguen su propio libro y quieren dirigir las vidas de los demás.

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    1. tanta preocupación por el sexo de los demás no hace más que dar una idea clara de sus propias represiones.

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    2. En efecto, Nicolás: menos "libro sagrado" y un poquito más de ciencia (que para lo que les interesa sí la usan).

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    3. La ciencia para cuando conviene a sus intereses y la fe para cuando no hay argumentos con que defender los avances científicos que rechazan

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