Quienes siguen habitualmente este cuaderno saben muy bien mi defensa de que el PSOE y el PP no son lo mismo. He mantenido, hemos mantenido interesantes debates acerca de la cuestión. Pero a pesar de que ahora venga Rubalcaba a afirmar que "PSOE y PP no son lo mismo", durante mucho tiempo, y sobre todo en los dos últimos años de esta legislatura, se han confundido demasiado. Los límites de uno y otro han quedado difuminados y en más de una ocasión ha sido imposible distinguir donde acababa uno y empezaba el otro. Y eso es malo, ha sido malo para el PSOE, porque sus militantes y fundamentalmente sus votantes quieren políticas claras que definan esa alma socialista a la que apela el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba.
Volvemos al problema esencial de los últimos tiempos, la credibilidad. ¿Quién pude creer ahora que uno y otro no son lo mismo? En fuero interno lucho por querer creerle pero los hechos de las políticas llevadas a cabo en esta legislatura me lo ponen muy difícil. Deseo que PP y PSOE no sean la misma cosa porque si lo son es evidente que no pinto nada militando en un partido conservador pero como dijo alguien muy conocido "por sus frutos los conoceréis" y esos frutos han tenido muy poco que ver con las políticas, digamos progresistas, que se esperaría de un partido socialdemócrata. De ahí ese empeño personal de Rubalcaba de pretender dar ese giro a la izquierda en su programa, para que quede claramente delimitado su espacio, para que no se le confunda con lo que ha hecho el gobierno al que hace poco pertenecía. Y esta bien que lo haga, seguramente es necesario para empezar otra travesía del desierto y regenerarse desde la oposición. Pero para ganar las elecciones ha llegado tarde, no hay tiempo. Es más, cuando fue designado candidato a la presidencia del gobierno era ya demasiado tarde para él y para el PSOE. Desgraciadamente. Una vez acabado el proceso electoral deberá dar paso a otra persona que protagonice esa regeneración y que no lleve encima el estigma de haber pertenecido al mismo gobierno.

En mi opinión, sobre todo porque lo voté y me gustaría no haberme equivocado, el Gobierno de Zapatero empezó en 2004 con un programa de izquierdas, socialdemócrata, y al principio, al menos durante los primeros años - en 2008 volví a votarlo, aunque esta vez a regañadientes -, me pareció que lo estaba cumpliendo a grandes rasgos. Luego ha resultado que no, que lo que estaba haciendo era darle toques de maquillaje para que no se le viese la patita, pero al final, se intente como se intente, las caretas se caen y se descubre la verdadera faz del protagonista de la película. Y como ya ha pasado otras veces, nada me hace suponer que ésta será diferente, salvo las ganas y la esperanza de que "esta vez sí". El PSOE, al menos en mi caso, tiene el dudoso honor de ser el que más expectativas genera y el que más defrauda. Lo que pasa es que a mí ya no me vuelven a "pillar", porque, como dice el refrán "gato escaldado del agua fría huye".
ResponderSuprimirEnrique,
ResponderSuprimirte voy a decir lo mismo que le acabo de contestar a Benito en un comentario anterior. Yo comparo la situación con la de un padre que tiene un hijo problemático, que sabe cual es la realidad pero en el fondo siempre espera, y no pierde la esperanza, que cambie y vaya por el buen camino. Aunque sepa que es muy difícil que ocurra.
Saludos.
Te comprendo Nicolas, pero siempre hay un punto de no retorno, como en el despegue de los aviones, y Rubalcaba ya lo ha traspasado. La única obsesión de este gobierno por seguir anclado a la Moncloa es para tapar más facilmente sus fechorias... No existen programas de izquierda, solo existen maneras de tocar poder, aunque sea reuniendose en gasolineras....
ResponderSuprimirLas reuniones en las gasolineras son más incómodas que las que se celebran en los despachos más modernos con los sillones más cómodos y mullidos. Aunque es cierto que en unos sitios y en otros mucha gente, demasiada, se lo ha estado llevando calentito durante demasiado tiempo. Y esa gente, toda, sin excepción debe pasar por el camastro de una celda que no sea ni tan cómoda ni tan mullida. Pero me temo que no lo veremos.
ResponderSuprimirSolo hay una cosa de toda tu reflexión con la que no estoy de acuerdo y es que si un sólo pecado no ha cometido este gobierno es el de aferrarse al poder. No se puede decir lo mismo de otros a quienes tuvieron que sacar del despacho por la fuerza y a rastras.
Por la fuerza de las bombas ya que las encuestas le dejaban donde estaban... Ojalá acaban los que lo merecen en la cárcel, de uno y de otro lado, y que lo veamos...
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