Mariano Rajoy ha logrado lo que ningún político creía que se pudiera hacer en una campaña electoral: presentarse a las elecciones sin explicar el programa electoral, lo que supone a efectos prácticos carta blanca para hacer lo que le dé la gana a partir del día 21 de noviembre sin tener que dar explicaciones a nadie puesto que nadie le ha obligado a darlas antes; rechazar cualquier entrevista que le pueda suponer un estorbo, un incordio, una molestia o simplemente le pregunten por todo aquello a lo que no quiere responder; y dejar los debates electorales reducidos a la mínima expresión en la que ni siquiera podremos oír dos monólogos, en esta ocasión sólo uno.
Hubo un tiempo en el que los españoles nos llegamos a creer que vivíamos en una democracia donde lo importante era la palabra, por eso instauramos un régimen parlamentario en el que poder confrontar ideas, debatir y hasta llegar a acuerdos que hicieran avanzar a este país.
Hubo un tiempo, digo, porque nadie que esté medianamente en su juicio puede afirmar que lo que se nos está vendiendo hoy es siquiera la sombra de lo que se quiso levantar durante aquellos manidos años de la transición. ¿Para qué ir a votar, pues?, ¿qué sentido tiene depositar un voto que después manosear y prostituirán al arbitrio de quienes lo retengan? Nunca antes depositamos en las urnas tantos votos cautivos, nunca antes nuestros votos fueron tan manipulados y su valor se devaluó tanto.
Visto lo visto cualquier día se limitarán a comunicarnos desde un nuevo NO-DO que ya no es necesario que vayamos a votar, que para qué, total ya están ellos para interpretar nuestras intenciones por el interés general. Nunca el Gran Hermano de Orwell pensó que iba a traspasar las fronteras de la novela para instalarse en las democracias europeas, para instalarse en una España a la que no hace tanto los franceses situaban en África. Nos dolía entonces escuchar aquello pero ahora me pregunto si no tendrían razón. ¿Acaso alguien se puede imaginar unas elecciones presidenciales americanas o francesas secuestradas y enmudecidas? Por lo visto en España, sí. Ya lo dice Iñaki Gabilondo, nos tratan como a borregos y ni siquiera balamos.

Una pregunta, tu balas con respecto a Blanco en el caso "Campeon"? Es que yo no te oigo...
ResponderSuprimirFíjate que, en cambio, yo si que oigo tus balidos después de haber leído el catecismo que publica Pedro José cada día. Y siempre son los mismos.
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