Mario Vargas Llosa, que es un excelente escritor, está convencido que un cambio de gobierno en España creará ilusión porque "la crisis está afectando muchísimo a la realidad de las personas, no solo en su nivel de vida o en el aumento del paro. La gente ha perdido el optimismo y un cambio de Gobierno siempre inyecta esperanza". Sí, es cierto que la gente se ha topado de bruces con la realidad. Una realidad que ni ha promovido ni patrocinado ni ayudado a fomentar, que ya es mucho decir. No ocurre los mismo con quienes aplican la doctrina económica y social que patrocina el señor Vargas Llosa. Sus amigos liberales están en el origen de esta crisis. En una ocasión estuvo a punto de gobernar y de haberlo conseguido esa hubiera sido su práxis.
De los españoles que iremos de votar el día 20-N se pueden decir muchas cosas: que estamos cabreados, indignados, hartos, asqueados, que soportamos estoicamente a una clase política que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, que a pesar de todas las protestas la sociedad ha demostrado su paciencia, que si hiciéramos lo que el cuerpo nos pide posiblemente el día de las elecciones les mandaríamos a todos a freír espárragos... pero aún así quienes hemos decidido ir a depositar nuestro voto lo que no llevaremos en la cara ni en el alma es esa ilusión ni esa esperanza de la que habla.
El PSOE inició los recortes y estamos hasta los cataplines de sus políticas neoliberales, la gente dará el triunfo a Rajoy pero con resignación como quien cambia no porque sepa que el que viene hará algo mejor o distinto, que no lo va a hacer, ya se encargará la Merkel y los mercados de que no se salga del camino marcado, sino porque el hartazgo es tal que ya sólo se puede elegir entre lo muy malo y lo muy malo. Como aquel chiste que dice que el partido había sido tan nefasto que los dos equipos merecían perder. A ver si va a ser verdad.
Triste pero auténtico, Nicolás.
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