En cualquier serie de abogados americana lo primero que salta a la vista es que ningún letrado formula ninguna pregunta a ningún testigo en el estrato de la que no conozca previamente la respuesta a no ser que quiera llevarse alguna sorpresa al ser respondido. El principio parece lógico e ir preparado para saber responder o repreguntar es fundamental.
Parece mentira pero a los miembros de la casa real española parece que no los preparan para saber responder ante preguntas que ponen en cuestión la misma Monarquía que encargan. Y aplicando la máxima legal antes apuntada deberían hacerlo para evitar escenas como la de la ciudadana pamplonesa que inquirió al príncipe Felipe acerca de si iba a plantear un referéndum sobre la continuidad de la monarquía cuando llegase al trono y ante la respuesta de que la Constitución no lo permite se le repregunta si entonces va a abdicar. Porque responderle ante el brete "Desde luego has conseguido un minuto de gloria" no parece la forma más airosa de escabullirse ante alguien que tienen muy claro que quiere ser ciudadana y no súbdita. Demuestra una falta de respeto e intenta escabullirse y hurtar el debate sobre la forma del estado que es lo que se estaba planteando. La respuesta se hace desde un tono de superioridad evidente que demuestra bien a las claras que el príncipe se siente muy por encima de quien le está hablando.
No estaría de más que los miembros de nuestra casa real fueran sometidos al entrenamiento necesario para poder responder de forma natural este tipo de preguntas que si hasta ahora no han sido demasiado frecuentes puede que lo sean cada vez más si se empieza a cuestionar el sistema político que nos dimos en la Constitución de 1978.
De la misma forma que habría que explicar a nuestros políticos y dirigentes que este tipo de preguntas no tienen nada de extraordinarias en un sistema democrático y de libertades donde tanto la Corona como los cargos electos están al servicio del pueblo y cobran sus haberes de los impuestos que entre todos pagamos. Vamos que les va en el sueldo a unos y a otros. Aunque a don Pedro Sanz, Presidente de Navarra, también se le ve la falta de reflejos y las ganas de ser más monárquico que el mismo príncipe. "¿Ese es el único problema que tienes en la vida?". Pues tal vez el hecho de tener que soportar a políticos de su talla sea un problema mucho mayor pero él no es nadie para cuestionar su orden de prioridades.
Los ciudadanos y ciudadanas tienen muy claro que no quieren estar por debajo de nadie por un hecho tan accidental como el del nacimiento. Una cosa es el respeto que se debe mantener a las instituciones y a quienes las encarnan como representantes de la soberanía nacional y del Estado y otra muy distinta pretender que no se formulen determinadas preguntas que pueden resultar incómodas a quienes detentan esos cargos. Respeto a quienes representan nuestras instituciones, todo, pero reciprocidad hacia quien es el depositario de la soberanía nacional también. El rango de súbdito quedó defenestrado cuando la Revolución Francesa acabó con la monarquía y a partir de ese momento el pueblo adquirió la categoría de ciudadano ante quienes hasta ese momento habían sido sus señores.
La ciudadana Laura Pérez estuvo a la altura de las circunstancias y dijo lo que muchos piensan y defienden en privado. Ni del príncipe y del político se puede decir lo mismo.
Resulta descoratjador veure com en ple segle XXI una institució anacrònica com la monarquia continua tenint el suport de tanta gent. És lamentable que es tracte d'aquesta manera a una ciutadana que vol posar les coses al seu lloc.
ResponderSuprimirPues a mi no me parece tan mal la respuesta del príncipe, excepto aquello del minuto de gloria. El principe le respondió la verdad: Esto es cosa de los políticos que deben reformar la constitución.
ResponderSuprimirY así es. Si somos incapaces de conseguir que se establezcan supuestos de referendum no creo que debamos acogernos a la bondad del heredero Borbón, porque ni serviría de nada que abdicase, ni pude cambiar nada.
Saludos,
Encara estem en allò del que és políticament correcte quan hauriem de pensar en el políticament útil i desitjable.
ResponderSuprimirEl fondo de su mensaje no podía ser otro. Tienes razón. Pero por lo que se le estaba preguntando no era por el legalismo constitucional sino por su intención personal. Evidentemente la respuesta tenía que ir en la misma línea. Pero la forma le perdió.
ResponderSuprimirReconozco que entre mis prioridades más urgentes no es cambiar un Rey por un Presidente de la República, entre otras cosas porque a éste último y a su familia también tenemos que mantenerlos. Y entre esas otras cosas también está en el que creo que un país tan cainita como el nuestro no está preparado para una República. Ni tampoco la gran mayoría de los españoles: la inmensa mayoría de la gente que estaba detrás de las vallas de seguridad no son ciudadanas como esta chica, sino súbditas o marujas que iban a ver a su "principes" para jadearle y aldularles con gritos de "¡¡GUAPA¡¡GUAPO¡¡ o "LETIZIA, LETIZIA¡¡" para que la princesa mirara y poderle echar una foto con la cámara del móvil y alardear ante sus amistades de que había estado cerca de "los príncipes".
ResponderSuprimirA pesar de todo ello yo siempre he estado a favor de una República. Cada vez más estoy más convencido de su necesidad. Este lementable episodio me carga más en mis convicciones. Acepto al actual Rey porque al fin al cabo no es un Monarca absoluto. Es la más alta representación como embajador del Estado y Comandante y Jefe del Ejército. Nada más. Se ha ganado mi respeto porque apostó por la Democracia (imperfecta pero democracia al fin y al cabo) paró un intento de golpe de Estado el 23F y trata de ser conciliador en todos los mensajes de felicitación en Navidad. Pero su hijo ¿Qué mérito tiene? Hasta ahora vivir como un príncipe, follar con la que ha tenido a mano y hacer hijos a su señora para que los demás se lo mantengamos. Al menos, del padre podremos decir que tenemos un Rey "muy campechano", pero al hijo, ni siquiera eso.
Tiene razón Pedro en que, al fín y al cabo, lo que el príncipe estaba defendiendo era lo suyo; no se va a echar piedras sobre su propio tejado. Pero las formas no han sido las correctas, sobre todo en la frase última de que "ya has conseguido tu minuto de gloria", con ese aire de superioridad. Eso lo puede decir un macarra barriobajero, no un príncipe que desde niño ha tenido una preparación exquisita en los mejores colegios y universidades de pago tanto nacionales como en Estados Unidos.
ResponderSuprimirNicolás, dice la RAE en su reciente y última gramática y ortografía, que los nombres de oficios (por muy solemnes o encumbrados que nos parezcan) se deben escribir con minúscula:
ResponderSuprimir■ presidente
■ ministro
■ papa
■ rey
■ príncipe
■ teniente coronel
■ fontanero
...
Yo te aconsejo que pongas príncipe con minúscula o si no haz lo que yo: llámale Felipe (a secas).
Salú y república pronto,
Hola amigo Nicolás, no creo que a esta monarquía le quede mucho tiempo. Cada día más gente empieza a platearse su funcionalidad práctica, y no lo hace solo desde posturas ideológicas como ocurría en el pasado. Un abrazote amigo.
ResponderSuprimirHago la corrección pertinente aunque ya adelanto que volveré a caer en el mismo error. Es que hay costumbres muy arraigadas que cuesta quitarse de encima. En cualquier caso, gracias.
ResponderSuprimirPues yo creo que a esta monarquía no la veremos acabar.
ResponderSuprimirSobre la RAE y otras "realezas": escribe como quieras, Nicolás, que la lengua la hace el pueblo (si no estaríamos todavía hablando latín). Y quien no se haya enterado todavía, que lea el preámbulo del dichoso diccionario, que hasta sus redactores reconocen que su función es descriptiva y no normativa. Una realeza como las demás, la de la Academia, que al fin y al cabo solo existen porque hemos aceptado implícitamente no discutirlas...
ResponderSuprimirCincuenta años escribiendo con unas determinadas normas son muchos para hacer borrón y cuenta nueva pero uno, que siempre ha sido respetuoso con la norma, procurará hacer los esfuerzos necesarios para aplicar las nuevas normas que en su gran mayoría no son más que un acuerdo entre un grupo muy reducido de personas al que les demás les reconocemos la autoridad que poseen. Nada hay más subjetivo y personal que las normas ortográficas.
ResponderSuprimirI really love the way you discuss this kind of topic
ResponderSuprimirtrazado de recorte