domingo, 29 de mayo de 2011

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El marciano y el curita

'De vuelta al análisis que luego se traduce en aire, o como diría Ferran Adrià, en suflé de nada'
Una de las cosas que me llamaron la atención de la pasada campaña electoral fueron las fotos de las vallas publicitarias de Camps y Alarte. En uno y otro caso si yo hubiera sido el interesado no le hubiera pagado el trabajo al fotógrafo encargado de una y otra imagen.

A Camps lo sacaron con cara de marciano con la cabeza en forma de huevo y unos ojos saltones que parecía que se escapaban de mismo cartel. Los dientes que asomaban por su boca acababan por configurar la cabeza de un personaje de una película de terror al que la sonrisa no le sale ni queriendo.

En cuanto a Alarte, el fotógrafo o no supo o no pudo acabar con su cara de cura en el púlpito soltando un sermón piadoso sobre las virtudes teologales. Sus cejas caídas sobre los ojos recogidas bajo la protección de las orejas le daban un aire de soplillo triste.

Pasada la contienda y reflexionando sobre lo ocurrido me doy cuenta que me equivoque. El problema no era de los profesionales de la imagen encargados por los partidos, sencilla y llanamente es que no hay más cera que la que arde. Es lo que hay y eso es lo que tenemos, a un marciano respaldado por su público a pesar de los pesares y que pronto estará sentado en el banquillo de los acusados y un curita de pueblo de poca formación que llegó a la parroquia queriendo cambiarlo todo, arrasó con lo que le habían dejado y cuando se ha dado cuenta le queda menos de lo que disponía cuando se presentó ante sus feligreses.

Me he equivocado, afirma ahora compungido, pero ya se en qué. Ha necesitado tres años de errores uno de tras del otro y un bastonazo de no te menees para enterarse que había hecho las cosas mal. Pero a pesar de lo prometido no va a dimitir. "Quise mandar y centralizar demasiado". Puso el partido patas arriba para hacerse con todo el poder orgánico y en el grupo parlamentario que le queda en las Cortes valencianas. Posiblemente no se le escapen los parlamentarios pero quienes se le han ido son los votantes. Eso sí, de congreso nada, como Zapatero, porque duraría el tiempo justo en el secretaria general después del desastre.

Claro que ahora llegan los críticos, bueno algún crítico que ya lo era y se enfrentó a Alarte en el congreso pero que había permanecido con la boca callada hasta ahora. En algún momento llegó a despertar expectativas de cambio dentro del partido. Incluso llegué a asistir a una cena en la que recababa apoyos para su proyecto de renovación y regeneración. Llegué a pensar que podría ser el futuro pero bastó que llegara José Blanco y lo colocara en un despacho de RENFE para quitárselo de encima a Alarte. Me estoy refiriendo a Francesc Romeu, que ahora a vuelto a levantar la voz después de casi de tres años de silencio.

La militancia de base no ha sido tenida en cuenta afirman. Pues como siempre, vaya novedad. Si al final dejé de asistir a las asambleas locales porque siempre era la misma canción: hay que dar más protagonismo a la militancia, es fundamental para tomar el pulso a la calle, no se puede acudir a los militantes sólo en época electoral... Pero es lo que hacen. Al menos desde que pertenezco al partido. "No tiene sentido que esto se cierre con acuerdos bajo la mesa para repartirse las miserias institucionales que nos quedan", afirman pero funcionan así desde 1993.

Hace falta un "gran acuerdo entre fuerzas políticas, sindicales y empresariales en cuanto se constituyan Les Corts para generar un espacio de confianza y relanzar la economía valenciana y el empleo, que es la gran prioridad", afirma Ximo Puig. Pues a ver si es verdad. "Lo primero que hemos de considerar es la realidad, la derrota electoral, y analizar críticamente lo que hemos hecho. No toda la culpa la tiene Zapatero, como dice Camps, y por tanto tampoco de lo que le pasa al PSPV, pero tampoco la única responsabilidad es la del secretario general", ha apuntado. Nada pues, vuelta al análisis que luego se traduce en aire, o como diría Ferran Adrià, en suflé de nada.

"Es mucho más importante que la gente tenga empleo que nosotros ganemos las elecciones, aunque ambas cosas van ligadas". Hay que ver lo bien que queda un poco de martirio público. Pero me da a mi que en las condiciones en las que se ha quedado cada vez hay y habrá menos posibilidades de crear empleo. Al menos es bastante más complicado hacerlo cuando paso a paso van convirtiendo al PSPV en un partido cada vez más residual y más testimonial. No somos decisivos para casi nada.

"Tenemos grandes posibilidades de futuro, el PP ha iniciado su declive, ha perdido cuatro puntos, y eso solo ha estado tapado por nuestra derrota histórica. Lo que pasa es que los ciudadanos no han visto una alternativa de progreso, y por eso ha crecido el Bloc, pero estoy convencido de que la verán en un futuro". Nada, el que no se consuela es porque no quiere. Seguro que una frase de este tipo ha costado una gran reflexión y esfuerzo de análisis.

El secretario general del PSPV en Castellón, Francesc Colomer, ha afirmado que "el partido debe tener la suficiente altura de miras, ser fiel a sus votantes y rehacerse", y ha defendido la necesidad de "readaptar el mensaje para encarar el futuro con garantías". Si no es cuestión de readaptar nada sigo de refundarse, de regenerarse desde lo más profundo, de encontrar de nuevo las raices y no traicionar la memoria de una organización histórica cuyos fundadores y líderes de antaño se volverían a morir si vieran en que han convertido el partido los actuales y como se han entregado en los brazos del neoliberalismo mientras se bajaban los pantalones.

Definitivamente es lo que hay, es lo que tenemos, una comunidad en manos de un marciano y un curita, menuda pareja si hubiera caído en manos de los Ozores. Gran material para una película.

3 interesantes opiniones:

  1. Coincido contigo y añadiría que no hacen falta más líderes de los de "quita tú y los tuyos que me pongo yo y los míos" tanto agraviar a unos y otros con repartos y corrientes, nos hemos quedado cuatro gatos.

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  2. Yo creo que el 2012 será el año de la inflexión y a partir de ahí se abrirá un nuevo tiempo, para una nueva política y, puede ser, Dios lo quiera, para una nueva izquierda. Veremos si los partidos de izquierdas están a la altura.

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  3. No me fío, no me fío ni un pelo.

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