De pequeño me trajeron una hucha de la Caja de Ahorros del Sureste de España para que aprendiera lo importante que es ir guardando. La oficina ocupaba la casa vecina a la de mi abuela en un pueblo de apenas quinientos habitantes. El empleado que la atendía venía de otro pueblo cercano. Mi abuela le hacía la comida y se encargaba de limpiarla. La casa que ocupaba la sucursal era propiedad del mismo empleado y había sido comprada por el padre de éste para que su hijo tuviera un puesto de trabajo asegurado. Lo tuvo. Hasta muchos años después la entidad no compró la casa.
Me abrieron mi primera libreta de ahorro donde Juan anotaba a mano los asientos de mi primeras cantidades. Recuerdo la gran caja fuerte que tenía, o al menos a mi me lo parecía. Siempre pensé que mi dinero estaba en un montón guardado allí dentro y el día que me enteré que no era así me llevé uno de los primeros disgustos de mi vida. Yo quería mi dinero, concretamente el mismo que les había dado y no otro. Tardé bastante tiempo en entenderlo.
Con el tiempo la Caja de Ahorros del Sureste de España se transformo en la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia. Mi primera nómina, el primer crédito para comprarme el coche, mi primer seguro de jubilación... Somos muchos quienes nos hechos criado, hemos crecido y hemos vivido con las visitas periódicas a la Caja. Casi se había convertido en un centro social de encuentro de la gente del pueblo. Aparte de los bares no había otro.
Con la absorción de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante apareció la CAM. Siempre habíamos creído que teníamos una gran caja en Alicante. Una caja sólida y de las más fuertes. Pero olvidamos inconscientemente los avatares políticos a que estaba sometida, sus vaivenes, sus rifirrafes y sus tiras y aflojas por parte del poder político para controlar un elemento estratégico de le economía alicantina. La vimos expandirse, crecer el número de sus sucursales -ya casi las podías encontrar por toda la geografía nacional-, pero olvidamos que la mala gestión y una apuesta equivocada por el negocio del ladrillo podrían mermar su solidez.
Hoy, que el rechazo al SIP de sus socios de Cajastur, Caja Cantabria y Caja Extremadura pone a la CAM a las puertas de ser adjudicada al mejor postor o nacionalizada, me avergüenzo de muchos de sus directivos y de muchos de los políticos que la utilizaran como una mujer fácil para sacar partido de ella con fines no confesados. No puedo más que lamentar que lo que pudo haber sido una gran caja acabe siendo devorada por alguna otra entidad ante la inacción de nuestro poder político y la participación cómplice del poder económico.
La CAM como la conocíamos está a punto de desaparecer. Sólo queda celebrar una misa de réquiem. Algunos se extrañarán, pero de verdad que lo siento.

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