domingo, 27 de marzo de 2011

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La trascendencia de la decisión de Samuel

'Si nuestra Constitución de 1978 consagra la igualdad de derechos entre hombres y mujeres era cuestión de tiempo que una petición así tuviera lugar y demuestra el grado de madurez que va adquiriendo nuestra sociedad y que pese a las resistencias de una parte que se niega a evolucionar con los tiempos y pretende detener el tiempo, éste continúa implacable con su silencioso paso'
Hasta ahora la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres tenía su plasmación visual y pública cuando las mujeres de distintos ámbitos y sectores laborales pedían los mismos derechos que tenían los varones. Recuerdo las luchas de muchas mujeres por bajar a la mina o las de otras intentando acceder al ejército a a cuerpos como el de bomberos. Por no hablar de la lucha convertida en enfrentamiento judicial de las mujeres de El Palmar en Valencia por el derecho a heredar los puestos de pesca de la Albufera, tradicionalmente reservados a los hombres, y que pese a sentencias favorables al sexo femenino la cofradía de pescadores se negaba a acatar. O los conflictos festeros de Alcoy donde se prohíbe a las mujeres desfilar en "filaes", quedando reservado su participación en los boatos y espectáculos de relleno en las entradas mora y cristiana.

Bueno, pues por fin un hombre ha reclamado poder asumir un papel tradicionalmente reservado a las mujeres y que hasta ahora nadie había pedido, ser rey de las fiestas. Y vuelve a ser esta tierra valenciana donde surge la petición, concretamente en el municipio de Paterna, cercano a la ciudad de Valencia. Samuel Fernández, un vecino de la localidad ha presentado su solicitud para ser rey de las fiestas, un título reservado hasta ahora a las mujeres y que tiene sus raíces en la exaltación a las damas en los Jocs Florals del siglo XIX. Su petición representa una propuesta de cambio radical y, como no podía ser de otra manera, ha abierto el debate sobre si ha llegado el momento de cambiar las bases para ocupar este cargo.

Con independencia de sus cualidades para ocupar este cargo, que por lo visto las tiene por su gran conocimiento de la fiesta, no podemos caer en la frivolidad de destapar el tarro de les esencias machistas y hacer críticas que hasta ahora cuando se vertían eran sólo hacia mujeres por el hecho de serlo. Dar la vuelta a la tortilla y aplicarle a un hombre las mismas críticas sería caer en el mismo error. Si nuestra Constitución de 1978 consagra la igualdad de derechos entre hombres y mujeres era cuestión de tiempo que una petición así tuviera lugar y demuestra el grado de madurez que va adquiriendo nuestra sociedad y que, pese a las resistencias de una parte que se niega a evolucionar con los tiempos y pretende detener el tiempo, éste continúa implacable con su silencioso paso. ¿Quién se hubiera imaginado hace sólo diez años que un hombre pudiera siquiera pretender ocupar este cargo? No es su importancia lo realmente relevante sino el precedente que sienta para el futuro.

Con independencia que las 18 personas que forman la Comisión de Fiestas decidan en un sentido o en otro sus argumentos serán escuchados con mucha atención y tendrán una importancia especial para otras ocasiones. Parece ser que las opiniones están muy divididas y las fuerzas en un sentido y otro empatadas. Pero lo realmente importante es la seriedad con la que el candidato a rey de las fiestas ha presentado su candidatura, más allá de pretender ser algo puramente anecdótico o colorista sin ninguna intención de ridiculizar el cargo ni su representatividad.

Ya nada volverá a ser lo mismo a partir de ahora en las fiestas de muchas localidades valencianas donde pueden surgir, siguiendo el ejemplo de Samuel Fernández, más candidatos a representar durante unos días las ansias festeras de sus vecinos. La Comunidad Valenciana, por su idiosincrasia, es una tierra muy abierta a otras gentes, otras culturas, otras formas de ver el mundo y entender la vida. Y estas características la hacen especialmente idónea para que propuestas tan novedosas germinen con el respaldo de gente amable y tolerante.

No sé si este año será el de Samuel pero lo que está claro es que ha abierto la puerta para el futuro.

2 interesantes opiniones:

  1. Pues sí, Nicolás, hace mucha falta profundizar en las desigualdades absurdas e injustas, para corregirlas.
    Esos cartelitos de
    «se busca cajera»
    «se busca dependienta»
    deben de quedar fuera del vocabulario de las ofertas de empleo.
    Además, yo soy de los que creen que los nombres de oficios terminados en e (concursante, estudiante, aspirante, ayudante, cantante, comediante, danzante, docente, gerente, presidente, comandante, almirante, comerciante, ...) deberían servir para ser asignados a mujeres y a hombres indistintamente.

    (para el que lo quiera ampliar, que visite mi artículo lenguaje feminista)

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