domingo, 19 de diciembre de 2010

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Mirada al abismo

Permanecía inerte, sostenido por un muro, el muro de sus recuerdos, mientras el cielo enrojecía sus mejillas. Todavía evocaba cuando era el globo que viajaba hasta la eternidad, que dormía arropado por las ninfas. Aún sentía el día en el que la tierra lo condenó y comenzó a escalar por sus tobillos: vislumbraba cómo el sol ofuscaba y lo obligaba a caminar a ciegas, habiéndose de defender con las manos, hasta que tocaron una solidez que lo acorralaba y le hacía cubrir sus pensamientos con las palmas sucias del oxígeno podrido. Con mayor sosiego, redibujó la fina seda sobre la que ascendió mientras la inexperiencia fluía por sus poros. Redescubrió árboles robustos, cuyos ojos eran espadas, y aves que al vuelo lanzaban puntas de sílex, así como la luz tenue que se asomaba entre las hojas movidas por la brisa del tumulto. Como un acto reflejo, volvió a concentrar la mirada para verlo y luego comenzó a correr hasta convertirse en un rayo de emoción que llegó hasta el último átomo del infinito.

Allí estaba, cabizbajo y con las manos en los bolsillos. Bajo sus pies solo había un abismo oscuro e incierto. Entonces, apremió el paso que se hundía en un destino polvoriento.

3 comentarios:

  1. Y el abismo le devolvió la mirada, helándole el corazón.

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  2. Un microrrelato muy interesante. El camino polvoriento es el que vamos a tener que recorrer como ciudadanos, el abismo puede ser ZP y sus políticas. Un abrazote.

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  3. saludos

    ese relato debo ser yo seguramente

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