Él no lo sabía. Él solo yacía sobre la cama, convalecía entre nubes de morfina.
Entré en la habitación y me quedé mirándolo. La bondad se le escurría por los pliegues de los años y caían desde un cuerpo curvado hasta el suelo, que ya era un mar de lamentos. Aquellos ojos –antes, mariposas aleteantes– ahora eran puertas cerradas al mundo. Trasladé la mirada y la aparqué sobre el viejo cuaderno amarillento que sostenía con las manos sudorosas. “Éste es el secreto de mi vida, de la de un hombre que, por prepotencia y cobardía, deja aquí escritos sus pecados para su difusión tras su muerte. El mundo ha de saberlo y condenarme.”
Entré en la habitación y me quedé mirándolo. La bondad se le escurría por los pliegues de los años y caían desde un cuerpo curvado hasta el suelo, que ya era un mar de lamentos. Aquellos ojos –antes, mariposas aleteantes– ahora eran puertas cerradas al mundo. Trasladé la mirada y la aparqué sobre el viejo cuaderno amarillento que sostenía con las manos sudorosas. “Éste es el secreto de mi vida, de la de un hombre que, por prepotencia y cobardía, deja aquí escritos sus pecados para su difusión tras su muerte. El mundo ha de saberlo y condenarme.”
Quise preguntarle por qué nunca había tenido el valor de hacerlo. Quise cogerle por los hombros, sacudirle y gritarle a llantos. Pero el desconcierto, el aturdimiento, solo me permitió sentarme en su lecho y besarle la frente. Mis labios adivinaban la sentencia de un viejo sicario de guerra: “en mi lápida escribiréis: asesino”.

"Deutches Requiem", de Jorge Luis Borges, en El Aleph. Me lo has recordado. También un hecho real, más excecrable: la muerte de un tirano, que no quiero recordar. Y la inevitable reflexión sobre la identidad humana.
ResponderSuprimirAl empezar a leer creí que la historia de ese hombre iba en otro sentido. Me ha sorprendido al final. Pocos han sido los que han confesado crímenes de su vida, muy pocos. Aún así, a pesar de la cobardía de confesar después de la muerte es una, muy lejana, contribución a la verdad aunque no a la justicia.
ResponderSuprimirÁnimo en esos escritos, mantienen la tensión y condensan en muy pocas líneas toda una historia.
saludos,
De eso se trataba un poco. Este microrrelato lo escribí para una práctica de la universidad en la que se nos pedía inspirarnos en la palabra "indeseable". Y creo que una de las cosas más indeseables es ese hecho de adueñarse de la vida de otro hasta el punto de eliminarla. Y, tristemente, son muchos los seres humanos los que a lo largo de la historia lo han hecho, y que todavía lo hacen. Resulta muy desalentador que el ser humano luche contra él mismo, y trate de aniquilarse a sí mismo. No está de más arrepentirse de vez en cuando.
ResponderSuprimir¿Una práctica? ¿Qué estudias? ¿Letras? Tienes madera...
ResponderSuprimirEstudio Periodismo. Estoy ahora mismo en 2º curso, y eso fue una práctica del año pasado, en la que teníamos que escribir un microrrelato centrándonos en una palabra, acompañándolo de una fotografía propia.
ResponderSuprimirPues tienes un estilo de escritura brillante. Se ve que estás muy lejos de gran parte del periodismo que se ve a menudo (no solo en España, por cierto), cargado de solecismos, lugares comunes e ignorancia de base. Excelente, Anna.
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