'No me imagino a ningún mandatario que antes de ser recibido en el Vaticano recuerde a la prensa la historia de muerte de la Inquisición o las andanzas de unos papas libertinos que durante siglos gobernaron el Estado Vaticano o la posición de su antecesor durante la Segunda Guerra Mundial.'
'En España se vive en una laicidad y un anticlericalismo agresivos y similares a los que hubo en los años 30.' Con esta afirmación el culto Papa Ratzinger demuestra que por estudiado que sea uno siempre tiene lagunas. Lagunas que para cualquier mortal serían perdonables pero que en su persona son una metedura de pata de las que hacen historia. Pretender comparar la España actual con la de los años 30 es no sólo un atrevimiento sino la plasmación más patente del interés por manipular, amedrentar e insultar la inteligencia de los españoles. La solución pasa por leer un libro de la historia de España del siglo XX de un historiador serio y riguroso.
Por otra parte tales afirmaciones digamos que resultan poco convenientes y nada educadas en boca en alguien que en las puertas de nuestro país se permite la frivolidad de cuestionar el modo de vida que desean sus ciudadanos. No me imagino a ningún mandatario que antes de ser recibido en el Vaticano recuerde a la prensa la historia de muerte de la Inquisición o las andanzas de unos papas libertinos que durante siglos gobernaron el Estado Vaticano o la posición del papado durante la Segunda Guerra Mundial. Quedaría poco diplomático.
Es evidente que el Papa Ratzinger preferiría una España sumisa y sometida a las directrices vaticanas. Esa España existe sólo en parte. Pero en su gran mayoría la sociedad española pretende construir un estado laico donde precisamente esa laicidad sea la garantía de que cada ciudadano pueda tener el credo que quiera sin intervención estatal. Y precisamente porque el Estado no debe intervenir en estos temas tampoco puede ni debe inclinarse ante ningún líder religioso cuyo fin es participar en cuestiones políticas internas e influir en las decisiones de los poderes que nos representan.

Nos queda mucho para ser un Estado laico.
ResponderSuprimirSaludos.
Pero la çunica forma de llegar es ir avanzando sin miedo. A fin de cuentas es la mejor garantía de libertad religiosa. Lo digo para los que afirman que estamos en un laicismo agresivo.
ResponderSuprimirTriste imagen. Pasada de época. El príncipe Felipe no muestra la actitud de un futuro rey representante de un moderno estado laico. Un lamentable gesto de sumisión ante el jefe del "Estado" más doctrinario y soberbio, con más pretensiones de injerencia del mundo, que cada vez tiene menos razón de existir en el mundo actual.
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