Como caracoles que se enroscaban sobre sí mismos, nacían y crecían las palabras, las inquietudes y las imágenes en el caparazón de las ideas. Y eran raíces, que germinaban y se aferraban en un jardín fecundo y virgen. Afloraban y se desbordaban, trenzando jocosas fibras, dorados rizos que seguían su rumbo centrípeto hacia el infinito, hacia donde los condujese la brisa del mar rabioso, envidioso de tanto júbilo.Pero hoy la brisa es viento que empuja, sacude, arranca, arrastra y roba todo recuerdo, toda palabra, toda inquietud y toda imagen que se depositó, año tras año y día tras día, en el endeble caparazón, ya incapaz de resguardarlos de las vicisitudes de la naturaleza.
Se acaba la fecundidad, se acaban las metáforas. Nada perdura... Pero como la espiral del caracol, transformada en piedra, resurgirán con fuerza renovada otras palabras, otras imágenes... Que arroparán nuevas ideas. Sólo es cuestión de tiempo. Y el tiempo no tiene prisa.
ResponderSuprimirSugerente y original, Anna. Sigue escribiendo.