Cada vez que oímos la palabra reforma de algo es para echarse a temblar. Hemos entrado en una espiral de recortes en que la palabra reformar se ha vuelto inevitablemente sinónima de recortar. Reforma laboral: recorte de derechos de los trabajadores; reforma del sistema de pensiones: pensión más reducida. Se quiere o no se quiera, se disimule más o menos con una verborrea fluida estamos pasando del estado del bienestar que pensábamos que era una conquista inamovible a ver como día a día se intenta socavar los cimientos de una arquitectura que tanto ha costado edificar.
Jubilarse más tarde (a los 67 años), ampliar el cálculo de cotización de 15 a 20 años y aumentar de 30 a 35 los años mínimos de cotización para poderse jubilar con el máximo de la pensión. En definitiva, todo va encaminado no sólo a disminuir la cantidad de la pensión a cobrar sino también la masa de jubilados que podrá acceder a ella. Y todo contando con que las empresas estén dispuestas a contratar trabajadores en edades en las que hoy quedarse en el paro ya es un drama. ¿Qué empresa contrata trabajadores a partir de los cincuenta años? ¿Qué empresa querrá un trabajador de sesenta o más años que haya perdido su empleo?
Y precisamente en esta coyuntura es cuando más arrecia el ataque a los sindicatos y se les acusa de trasnochados y de no estar adaptados a los tiempos. No estaría de más que se nos explicara claramente en qué consiste adaptarse a los tiempos. Pero lo más dramático es que derecha e izquierda (se supone que es izquierda) se pongan de acuerdo en unas políticas profundamente liberales y perjudiciales para la clase trabajadora. La única diferencia estriba en el tamaño de los recortes pero nada más.
Cuando creíamos que los tiempos de la lucha de clases eran cosa pasada y que la clase obrera ya no existía porque todos éramos clase media, más o menos acomodada y aburguesada nos despertamos a una realidad que nos devuelve a los tiempos más duros de la lucha por conquistar unos derechos que parecían inalcanzables. Tal vez no se trate ahora tanto de conquistar como de no perder aquello que costó tanto lograr. Ahora más que nunca la lucha obrera sigue siendo necesaria. Y los sindicatos imprescindibles.

Nicolás,
ResponderSuprimirYo diría que es la única lucha conjuntamente con la verde que puede salvarnos o demorar algo nuestra derrota total.
Ya no hay lucha estudiantil, la universidad dejó de luchar y los ciudadanos aún no estan articulados.
Creo que es lo único que nos queda.
saludos,
La cuestión es cómo articular esa lucha obrera y sobre todo ver qué organización política va a vehiculizar esa lucha, porque lo del PSOE, con todos los respetos, es de traca. Claro que mi opinión, esto es que sea en el PCE, es minoritaria y está condicionada por mi militancia.
ResponderSuprimirCreo que la articulación debe ser independiente de los partidos y a parte de militancia o no militancia. Los problemas laborales, el recorte de derechos y los intereses de los trabajadores están por encima de la partitocracia aunque siempre habrá trabajadores que preferirán continuar con los ojos cerrados y votar a la derecha.
ResponderSuprimirSi una reforma se usa para echar marcha atrás y quedarse como antes de una reforma de hace años, entonces yo la llamo contrarreforma. Se consiguieron unos derechos que mejoraban la vida para todos y ahora nos los quieren quitar. Están anulando el progreso social español desde los 80 y el europeo desde los 50. Como nos descuidemos acabamos como están los chinos en su país :-(
ResponderSuprimirSe hace necesario repolitizar a todos los ciudadanos que integramos las clases populares o trabajadoras, etc. A los que tienen (como principal fuente de ingresos) un contrato laboral, precario o no, a los desempleados, a los pequeños empresarios...
Más allá de qué siglas defenderán mejor estos derechos que vamos camino de perder (el Estado del Bienestar), creo que lo que hace falta es que la gente cultive el hábito del pensamiento crítico, tema casi tabú en un país con tantas décadas de dictadura fascistoide o régimen de terror terriblemente represor de cualquier expresión ideológica ciudadana libre e independiente.
Repolitizada la gente, tiene que ver los problemas que hay y buscar soluciones. Pensarlas, preguntarlas, escuhar. Tras buscar en distintos sitios, pensar y comparar lo que cada organización defiende, esa misma gente repolitizada (Demos) podrá decidir qué siglas representarán mejor su criterio e intereses.
Saludos,