martes, 14 de septiembre de 2010

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Ora et labora

En la prensa hay temas recurrentes según la época del año en la que nos encontremos. Así pues después de Reyes todo el mundo está preocupado por la cuesta de enero. Pasa enero y ya apenas se habla de lo que cuesta llegar a fin de mes. En épocas vacacionales el problema pasa a ser las reclamaciones por los viajes que no han cubierto las expectativas del viajero o por los servicios pagados pero que no nos han dado. Todos los veranos sufrimos olas de calor en el mes más cálido de no se sabe cuántos años. Llega septiembre, la vuelta al cole y lo que han de desembolsar las familias para que la prole vuelva a la rutina; los libros son carísimos y del material y equipamiento ni te hablo. Y en diciembre el gran bombazo informativo es que nos vamos a gastar la paga extra entre la cena de Navidad y los regalos.

En política pasa algo similar. Hay temas que también son recurrentes. Cada vez que hay una crisis todo se resuelve con una reforma laboral, una congelación salarial y algo de lo que vengo oyendo hablar desde que llegó la democracia a este país: las pensiones. Si no espabilamos dentro de quince años no habrá pensiones para nadie. Otros lo alargan hasta los veinte años. Hay que contratar un plan de pensiones que nos ayude a complementar lo poco que nos pagarán, te decían de bancos y aseguradoras para que les contratases a ellos el dichoso plan de pensiones que no es más que otra forma de que ellos hagan el negocio.

Han pasado ya veinte años y los jubilados siguen cobrando su pensión. Sí, te dicen, pero el peligro está ahora a diez o quince años vista porque el envejecimiento español es un hecho y llegará un día en que no habrá trabajadores suficientes para pagar a los jubilados. Y uno se acojona, que es lo que pretenden, y se pregunta si no tendrán razón. La solución siempre es la misma, no ha cambiado nada. Todo consiste en aumentar el cómputo de años para tener derecho a que te den el sobre el día que ya no trabajes. Bueno, vale, total por pasar de quince a veinte años; además si no lo hacemos no llegaremos a hora. Y uno acaba aceptando y transigiendo.

No sé si esto llegará a pasar y la verdad es que me preocupa bastante poco. Puede que tengan razón y el iluso sea yo pero esto es como el cuento de "Pedro y el lobo", tantas veces no han acojonado que el día que venga el lobo no habrá dios que se lo crea. Se hará la reforma de las pensiones, se calmarán los ánimos y hasta la próxima vez que nos vuelvan a venir con la misma cantinela y pasemos de veinte años a veinticinco y así cada vez las pensiones serán más de mierda de lo que lo son ahora. Tampoco sé si llegaré a jubilarme porque si lo que pretenden es alargar la edad  lo que está claro es la intención con la que lo hacen; que nos muramos trabajando y así no tener que pagar nada. Seguro que si la gente se muere antes de jubilarse se acaba el problema. Pero por mi parte y como en la película "Lo que el viento se llevó": a Dios pongo por testigo que no pienso morirme pronto y ponérselo fácil.

2 interesantes opiniones:

  1. A Dios rogando, y el mazo dando, que hasta yo tengo plan de pensiones, ya se sabe, por si acaso.

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  2. Si disminuyen los empleados en activo cotizantes de la S.S. disminuye el dinero para pagar pensiones a los jubilados; bien, vale. Pero, ¿en esa misma medida disminuirá el dinero para la curia y para el ejército?

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