'Bono sabe perfectamente que una cosa es la caída de popularidad de un político y otra muy distinta la pérdida de credibilidad'.
Recurrir a la comparación de Bono con los milagros para justificar la caída de popularidad de Zapatero es, cuanto menos, divertido viniendo de él precisamente. ´Sería un milagro que Zapatero no perdiera popularidad´. Pero es que Bono yerra y lo hace a sabiendas porque es comprensible que salga en defensa del Presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE. El Presidente del Congreso sabe perfectamente que una cosa es la caída de popularidad de un político -véase el caso de Obama cómo ha ido retrocediendo en las encuestas o incluso los mismos Sarkozy y Merkel a quienes alude- y otra muy distinta la pérdida de credibilidad. Merkel y Sarkozy mantienen discursos con los que no estoy de acuerdo pero que son coherentes con lo que han venido defendiendo siempre. Nadie puede llamarse a engaño con ellos. No es el caso de nuestro ZP cuyas múltiples rectificaciones seguro que algún día se recogerán en algún libro y se estudiarán en alguna facultad.
Recuperar la popularidad puede ser relativamente fácil con algunos golpes de efecto político -parece que por ahí está intentando transitar Zapatero- pero no así la credibilidad que se basa en la confianza que se transmite y la empatía que se es capaz de mantener con el electorado y hay que reconocer que desde que empezó la segunda legislatura ambas -confianza y empatía- han caído todavía más rápido que la intención de voto del Presidente. Cuando un político no es creíble su gestión se ve empañada y distorsionada de tal manera que intento pensar un caso en el que se haya podido recuperar la confianza rota y no lo consigo. Le ocurrió a Suárez, a González y a Aznar. Los tres acabaron fuera de la Moncloa de mala manera por cuestiones que en el fondo implicaban una clara pérdida de credibilidad.
Un milagro haría falta para que Zapatero recuperara la credibilidad. Bono es creyente y seguro que confía en él. Yo también lo soy pero mi escepticismo crece en una progresión geométrica paralela a la derechización de la política económica del Gobierno. Así que cada día soy más como Santo Tomás, sólo me lo creeré cuando lo vea porque ya no me fío. Motivos sobran para no dejarse confundir con lo que sólo tiene pinta de ser una estrategia electoral para llegar al 2012.
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