La caverna mediática está encantada, feliz con el procesamiento de Garzón y si uno intenta averiguar el por qué de este estado de satisfacción se encuentra con que la respuesta es sorprendente y variada:
- Porque son un atajo de nostálgicos del franquismo a los que se les llena la boca de hablar de democracia pero que no desean que se descubra que tal vez alguno de sus predecesores pudo ser un criminal represor y su nombre pueda quedar manchado en alguna parte del proceso. Y es que, como dice Nacho Villa en la COPE: “meterse donde a uno no le llaman al final nunca termina bien”. ¿Cómo se atreve un simple juez a meterse con ellos?
- Porque en el fondo el actual sistema no es más que un medio del cual servirse para mantener una democracia de baja calidad que lleve a su desprestigio y en consecuencia cambie la organización política que nos hemos dado. No hay más que ver en que se han convertido algunos programas de determinadas cadenas donde es imposible hallar una sólo verdad en horas y horas de emisión. La teoría de la lluvia fina que va calando.
- Porque Garzón en esta ocasión les ha tocado y los ha puesto en la picota pública y en el banquillo de los acusados. Mientras estuvo ocupado con la corrupción que afectó al PSOE en la década de los noventa no había por qué preocuparse. Aznar se declaraba que eran los campeones contra la corrupción e incompatibles con una lacra que sólo podía afectar a unos socialistas descamisados ávidos de enriquecerse. El tiempo y Garzón han demostrado que aquello no era cierto, que son tan vulnerables como el resto de humanos y han quedado retratados y en evidencia ante una sociedad española cada día más perpleja al comprobar cómo niegan la realidad. Nos toman por tontos, piensan que no sabemos leer y que no entendemos lo que oímos, así se han puesto de acuerdo en afirmar que no hay financiación irregular del PP con la intención de convertir cien mentiras en una verdad.
Si lo miramos con detenimiento y reflexión llegamos a la conclusión que en todo lo que está pasando hay algo de positivo: los unos se están quitando la careta puesta en aquella famosa ley pre democrática de amnistía del 77 que fue agua de borrajas impuesta por el miedo y la coacción, y los otros descubren lo que significó aceptar pasar una página tan escabrosa de lo acontecido tan alegremente. De aquellos polvos tenemos estos lodos y el juez Garzón está pagando las consecuencias.

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