Se nota que Jordi Sevilla está muy cabreado con Zapatero. Han pasado ya tres años desde que dejó de ser ministro pero el resquemor aún le aflora. Es comprensible desde un punto de visto personal y de ambición política -lógica en todo aquel que se dedica a la cosa pública- pero me ha parecido poco elegante que haya metido por medio a la mujer del Presidente -para hurgar un poco más en la herida- en una entrevista que publica la revista Vanity Fair. Sinceramente, creo que se ha equivocado.
Puede que tenga razón en algunas de las críticas que hace sobre su política y estoy totalmente de acuerdo que su mayor error fue el negar la crisis en un principio lo cual le ha originado un problema de credibilidad que desconozco si será capaz de remontar en el futuro. Pero no creo que sus declaraciones ayuden demasiado al partido del cual aún es militante. No me consta que se haya dado de baja. Tampoco ayudan en nada al panorama político en general. Es consciente -porque es un tipo inteligente- que estos comentarios sólo favorecen a la oposición. Posiblemente haya sido una pequeña venganza en lo personal más que en lo político. Sin lugar a dudas es un golpe bajo que se podría haber evitado.
El país está lleno de ex ministros de izquierdas y de derechas. Deberían asumir en el momento de llegar al poder que son cargos de confianza y que están a disposición de quien los ha nombrado. Comprendo que puede resultar difícil de interiorizar pasar del coche oficial, de codearse con los más influyentes y de llevar guardaespaldas a quedarse sin todo eso y ahí es donde se ve la elegancia y como es de verdad la persona y no el cargo público.
No le discuto su derecho a criticar lo que crea conveniente pero si las formas. En una cosa sí que estoy de acuerdo: si Zapatero cree que siempre tiene razón, se equivoca. Como se equivoca cualquier político que actúe igual viva o no en La Moncloa y eso le incluye a él.
De todos los reproches que vierte hay uno que no me ha quedado claro si es virtud o defecto: ¿le parece mal al ex ministro Jordi Sevilla que el presidente del Gobierno haga las cosas por convencimiento y "no porque se lo digan"? Actuar por convencimiento. Personalmente no me parece mala cosa. Otros actúan por ambiciones personales o políticas por encima de los intereses generales. Creerse lo que uno hace hoy en día no es cosa insignificante. Aunque se equivoque.
Yo creo que es una forma "light" de denunciar el personalismo, presidencialismo, o caudillismo si nos ponemos duros, que parece haber asumido el Gobierno como paradigma organizativo; de ahí que para la gran mayoría de la ciudadanía, incluyendo a la militancia del PSOE, muchas de las personas que ocupan las carteras ministeriales o sean totalmente desconocidas o se desconozca qué Ministerio dirigen. Hágase la prueba si se quiere.
ResponderSuprimirCon independencia del personalismo, presidencialismo o caudillismo -creo que este último término no es en absoluto adecuado- en todos los gobiernos y para la gran mayoría de ciudadanos hay unos ministerios que son los pesos pesados que todo el mundo conoce y otros todo lo contrario. Y en este Gobierno se da el paradigma que un ministerio muy "light" como debería ser el de igualdad todo el mundo conoce a la ministra Aido por la campaña que le montó la derecha.
ResponderSuprimirNo creo que Zapatero sea ni más ni menos presidencialista que lo fueron sus antecesores en el cargo. Tampoco tengo claro si es bueno o malo.
Disiento en este aspecto. En mi opinión es también una manera "light" y elegante de manifestar su opinión o discrepancias en ciertos aspectos del gobierno de Zapatero, sobre todo del demasiado protagonismo del Presidente y en lo poco que delega en sus ministros.
ResponderSuprimirPara poco elegante podíamos hablar de Gonzole Mora o Rosa Díez. Eso ya no es que no sea elegante, eso es el rencor y el resentimiento, es el odio irracional y visceral.
No sé si me he explicado mál pero la falta de elegancia la relacionaba con el hecho de mentar a Sonsoles que no venía a cuento.
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