Más de lo mismo. De lo que vengo escribiendo estos últimos días. De la democracia orgánica del Partido Popular. De esa democracia que practica gente como ellos y ellas acostumbrada a vivir la política como una dictadura y no como una democracia. De los que te rematan cuando les dices que no te gustan sus prácticas, tal y como afirmó Rus. De los que se ponen nerviosos y se alteran cuando el presidente venezolano les recuerda que vienen del franquismo. De los que se sienten muy machos subidos al carro del poder. De los que intentan acabar con un juez porque se atreve a escarbar los crímenes franquistas o a destapar el caso Gürtel. De los que mantienen el Parlamento valenciano sumido en una ley del silencio digna de una novela negra. De los que censuran y de los que suprimen el puesto de trabajo de un funcionario para designar a dedo a otra persona "con ánimo de alejar al personal de ideología política distinta de la del actual equipo de gobierno". Y este entrecomillado lo afirma el juzgado de lo Social número 7 de Valencia que considera probado que se han "vulnerado los derechos" del trabajador municipal que en 2009 denunció al equipo de gobierno, que dirige María José Catalá -alcaldesa de Torrent-, por "discriminación política". Además condena a la alcaldía a indemnizar al afectado con 10.008,74 euros y ordena "reponer inmediatamente" al empleado público en el puesto que ocupaba antes de que el PP ganara las elecciones municipales. Y es que en el fondo y en la forma se pasan la democracia por la entrepierna.
domingo, 14 de marzo de 2010
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Yo creo que el PP, que como dice el orangután venezolano viene del franquismo, como la actual monarquía, se ha crecido en el País Valenciano a consecuencia del apoyo masivo y mayoritario de la ciudadanía valenciana, renovada comicios tras comicios, impasible el ademán. Cree el PP que el País Valenciano es su cortijo, las instituciones democráticas son sus feudos y la ciudadanía sus fiel servidumbre. Cree el PPCV que la ola de votos con que le obsequiamos es una patente de corso para justificar todos sus desmanes; basta escuchar a la alcaldesa del Cap i Casal, diciendo que le parecen estupendas las manifestaciones y las sentencias judiciales sobre la ampliación de la avenida Blasco Ibáñez y el expolio del Cabanyal, pero a ella le dan legitimidad las mayorías absolutas que obtiene precisamente en esos barrios. Y qué quieres que te diga, tienen razón, porque si nos creemos la democracia y que la soberanía nacional recae en la ciudadanía, quien nos gobierna lo hace no por la gracia de Dios, como sus agüelicos, así que alguna responsabilidad tendremos que asumir todo el mundo ¿no? Una parte por votarles en vez de botarlos; y otra por no articular una alternativa de gobierno.
ResponderSuprimirEspero que este tipo de manifestaciones junto con otras cada vez más numerosas que aparecen en la prensa todos los días, ayuden a concienciar a la ciudadanía que ha llegado el momento de botarlos.
ResponderSuprimirYa dije en otra ocasión que los desmanes antidemocráticos del PPCV no suman en el platillo de la balanza que desequilibra la urnas en su contra, porque para que lo hicieran la oposición - en ciernes - debería atesorar un indiscutible bagaje de honradez, seriedad y coherencia, circunstancia que como vemos no ocurre, o por lo menos no en la dimensión que resultaría determinante. La propuesta de gobierno del PSPV-PSOE no lleva implícita para la ciudadanía una garantía de democracia sino una probabilidad alta de continuidad por los mismos parámetros y, en esas circunstancias, si es cierto que lo que se pretende es implementar el paradigma "quítate tú para que me ponga yo", mejor malo conocido que bueno por conocer. Y si encima el PSPV-PSOE se esfuerza a diario por parecerse cada vez más al PPCV, pues la ciudadanía aplica el principio teórico de "mejor un mal original que una buena copia". Y así vamos, de derrota en derrota hasta la victoria final, sin programa, sin proyecto, sin ideología, sin rumbo, sin timón, ni perspectivas de futuro. Mal rollo.
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