Si dijera que me gustan las corridas de toros mentiría. No me gustan. Tampoco entiendo la cosa artística en la llamada "fiesta nacional". Y es que el olor dulzón de la sangre me molesta bastante. Como también me molesta el hecho de torturar y matar animales para que unos cientos o miles de personas se diviertan y se lo pasen bien.
Ahora bien, reconozco que es un tema que despierta muchas pasiones y divide a la sociedad. Aunque yo lo tengo muy claro. No me convencen los argumentos de la tradición ni de la supervivencia del toro bravo como especie como elementos que apoyen las corridas. También he intentado buscar el toque cultural pero la cultura de la muerte -aunque sea animal- me parece bastante rancia y trasnochada. Ni siquiera trato de aportar argumentos nuevos ni a favor ni en contra porque ya están todos muy usados.
Reconozco, no obstante, que me ha llamado la atención que el Rey saliera en su defensa de forma pública y no porque tuviera alguna duda sobre cuál iba a ser su posición -que no la tenía- sino por el hecho de que se haya atrevido a hacerlo ante el debate público suscitado. Tampoco me parece mal. Más bien todo lo contrario. Me parece perfecto que el monarca vaya fijando su postura públicamente sobre toda una serie de asuntos de los cuales se ha abstenido hasta ahora.
La sociedad española ha visto a don Juan Carlos como una persona simpática, cercana y hasta campechana -se atreven a afirmar algunos- porque no tomaba partido por nadie pero tal vez ha llegado el momento de que esa percepción empiece a cambiar a medida que empecemos a conocer su opinión sobre temas polémicos y sea más rey de unos que de otros. Así que le animo a seguir manifestando su parecer sobre otros muchos temas de candente actualidad porque será una buena forma de empezar a construir la Tercera República.
Pues mira, estoy de acuerdo contigo. Es más, yo añadiría que no sólo deberían dejar que el Rey se expresase libremente sobre todo lo que quisiera, incluida por supuesto la política, sino que también dejaran a los medios de comunicación y a los particulares explayarse sobre el Rey. Así, estoy casi seguro que a la larga íbamos a ganar la III República y a deshacernos del último residuo anacrónico de la dictadura franquista que aún arrastramos.
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