jueves, 11 de marzo de 2010

4

Acabar con la ficción

El Molt Honorable decidió que no le iría mal una escapada a tierras americanas, donde la samba, las playas y el sol se muestran más favorables por estas fechas. Y volvió imbuido y revestido de los atributos del dios Sol, ese dios tan adorado antaño por aquellas tierras. El optimismo rebosaba por todo su cuerpo y habló, habló una vez más para que su pueblo que lo ha hecho Honorable a pesar de que las dudas sobre su honor son más que justificadas- compartiera también su entusiasmo: "los malos tiempos han pasado y comienza una etapa de optimismo, bonanza y apuesta por el futuro".

Camps ha decidido que el final de las vacas flacas ha llegado, que comienza la etapa de las vacas gordas y que los graneros volverán a llenarse. Cual faraón del antiguo Egipto ha lanzado a los cuatro vientos su vaticinio. El problema es que desconocemos quién es su José particular, ese augur capaz de ver esa tierra prometida, ese nuevo país de las maravillas aunque sin Alicia, o tal vez con su Alicia particular, su Alicia Barberá.

Claro que lo que no sabemos es si los buenos tiempos van a ser para todos o sólo para unos cuantos -los de su cuerda- bien comidos, bien pagados, bien servidos y bien trajeados. Porque eso sí, somos un gran pueblo donde se prohíbe la cultura, donde el fracaso escolar bate récords, donde el paro supera la media, donde sólo funciona la conselleria de grandes eventos, dónde la deuda por cabeza empieza a no poderse contar... Porque somos un gran pueblo pese a todos ellos. Pero podríamos haber sido un pueblo mejor sin los gobernantes que tenemos que son el hazmerreir de España y parte del extranjero. Todavía no se conoce el alcance del desastre económico de esta comunidad. Llegaremos a saberlo a pesar de que mienten como bellacos aunque para ellos parece ser cierto que la fiesta no acaba nunca y mientras les sigan votando es verdad que no acabará.

Visto lo visto tal vez tenga razón Josep Sorribes cuando afirma que "ante el peligro para la salud pública que suponen nuestros avezados y democráticos gobernantes, me pregunto si, más allá de cuarentenas o protectorados, no sería ya hora de que la izquierda política diera de una vez por todas un puñetazo en la mesa y abandonara la función. Si el PP quiere seguir en sus trece, con olímpico desprecio a las más elementales normas democráticas, ¿qué sentido tiene mantener la ficción e ir de comparsa?, ¿por qué no se levantan sus señorías de izquierda de todas y cada una de las instituciones en las que ejercen -con mayor o menor acierto- de oposición?. Generalitat, diputaciones, Ayuntamientos..., pero también Canal 9, cajas de ahorro y representaciones varias. Lo siento por las dietas, pero creo sinceramente que un plante en toda regla tendría más ventajas que inconvenientes y devolvería a la ciudadanía la esperanza y la ilusión. Esperanza e ilusión que por ser tan escasas en el mercado se cotizan a precio de oro. ¿Decimos ¡basta! de una vez por todas, deshacemos el paripé y que se revuelquen ellos solos en su lodo? Es una amable sugerencia a quien proceda."

4 interesantes opiniones:

  1. En principio creo que para acabar con la ficción es necesario que en las urnas demos una lección de realidad, votando a otras opciones políticas como, por ejemplo el PSPV-PSOE, pero también está EUPV, y otras, si se quiere.

    En segundo lugar, creo que la oposición política, sobre todo el PSPV-PSOE, tiene parte de responsabilidad en todo este desaguisado, porque sea cual sea la causa lo cierto es que ha sido incapaz de suscitar el respaldo ciudadano a sus propuestas políticas, en el supuesto caso de que éstas hubieran existido, que a lo mejor también nos toca asumir parte de esa "ficción".

    Y, en tercer lugar, me parece poco democrático hacer dejación - más, si cabe - de las funciones que corresponden a la oposición sólo por la constatación del hecho, incontrovertible por ahora, de que la ciudadanía prefiere al PP mayoritariamente. Creo que cuando el remedio es peor que la enfermedad lo que cabe es perfeccionar el remedio y no permitir que la enfermedad lo corrompa todo definitiva e irreversiblemente. Puñetazos, siquiera sea encima de la mesa, los justos, por favor.

    ResponderSuprimir
  2. Comparto tus dos primeras apreciaciaciones pero en absoluto la tercera. Cuando la mayoria elegida democráticamente pisotea de forma sistemátíca los derechos de las minorias que han sido elegidas de la misma forma y pervierte la democracia para ponerla a su servicio exclusivo, la oposición tiene el derecho y la obligación de usar todos los medios democráticos que considere oportunos para descalificar públicamente esa actitud y entre ellos está el de retirarse de las institiciones con el fin de denunciar de forma clara y rotunda los métodos antidemocráticos.

    Es una decisión que entiendo que sólo debe tomarse en situaciones extremas y en la Comunidad Valenciana hace tiempo que hemos llegado a ella. A partir de ahí el electorado hara lo que crea conveniente pero no se puede ser cómplice ni de los votantes cuando los votos son armas que atentan contra los más elementales principios democráticos.

    ResponderSuprimir
  3. Sí, pero no creo que abandonar las instituciones democráticas sea ni una solución ni una respuesta inteligente y con perspectivas de futuro. A mí me parece que la obligación democrática de la oposición es seguir dando batalla en las instituciones públicas y reaccionar de una vez, proponiendo una alternativa de gobierno. Menos teatro y más trabajar.

    ResponderSuprimir
  4. Una cosa no excluye la otra. Ambas son compatibles. Y sinceramente, creo que la calidad democrática a la estamos sometidos está bajo mínimos y degradándose a marchas forzadas. Por tanto en momentos excepcionales las medidas han de serlo también.

    ResponderSuprimir

Este blog tolera la discrepancia pero nunca la ofensa ni la falta de respeto. Me reservo el derecho a borrar comentarios injuriosos, insultantes o difamantes, sobre el autor, sobre otras personas que también comentan en el blog o terceras pesonas ajenas a la discusión.