A pares. Ya llevamos dos días a pares. Si ayer hablada de dos decisiones que me parecían acertadas hoy no sé si reír o llorar ante lo que se les ocurre a estos ilustres políticos del PP que ya no saben por dónde metérnosla. Espero que no físicamente aunque nunca se sabe por lo que se escucha por ahí.
Núñez Feijóo pide respeto para 'el gesto' de Aznar porque ya se hacía en la Roma y la Grecia clásica. Se me ocurren un montón de cosas que hacían los griegos y los romanos "clásicos" -eso sí- con los que no creo que estuviera muy de acuerdo. Lo más socorrido sería hablar de cómo mataban a los cristianos en el circo pero creo que me referiré a algo más escatológico como las bacanales, las relaciones homosexuales y bisexuales en las fiestas que organizaban, las orgías... No hay más que ver las pinturas, la decoración de los objetos de cerámica y otras herencias para comprobar por dónde iban sus gustos sexuales. Tal vez por ahí fueran las referencias de la famosa peineta de Aznar. La verdad es que nunca nos contó sus preferencias sexuales.
En cuanto a la pareja que completa el par, me referiré a la presidenta de las Cortes valencianas, Milagrosa Martínez, que ha tenido la osadía de decirles a varios alumnos de Derecho de la Universitat de València ´Mi trabajo es el de un árbitro: cuanto menos suena, mejor´. Lo malo es que su trabajo ha sonado y suena demasiado porque un árbitro debe ser imparcial o al menos parecerlo y ella ni lo es ni intenta parecerlo. Sus actuaciones realmente son las de un árbitro comprado que no necesita disimular y que sólo responde a la voz de su amo. No se la puede calificar ni de hipócrita. Actúa como le han ordenado, sin más. Con ella ha desaparecido el control sobre el Ejecutivo valenciano; su labor es más la de abogada defensora de Camps, sus consellers y sus diputados que la garante de que la institución que preside cumpla las funciones que le encomienda el Estatuto de Autonomía; su objetividad es la del PP y su falta de ecuanimidad e imparcialidad es la que echa de menos la oposición. Ya lo dice el refrán: otros vendrán que bueno te harán. Hasta casi echamos de menos a Julio de España, su antecesor en el cargo.
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