En más de una ocasión se me ha tachado de radical por afirmar que el franquismo político y sociológico -en su gran mayoría- se encuentra hoy en día cómoda y plácidamente residiendo en la misma dirección, el Partido Popular. Y francamente me da igual porque los hechos desgraciadamente van confirmando una y otra vez mi afirmación.
Ahora resulta que el PP de Camps que durante tanto tiempo lleva acusando al Gobierno de Zapatero de adoctrinar con la asignatura de Educación para la Ciudadanía se ha propuesto adoctrinar a los inmigrantes que llegan a la Comunidad Valenciana en un panfleto pseudo-histórico donde se impone la visión más derechista y recalcitrante de nuestra historia. Era algo que no nos debería extrañar puesto que estos supuestos liberales de pacotilla, llámense Aguirre o llámense Camps, no son más que unos intervencionistas hasta la exageración cuando está en juego la poltrona sobre la que descansan sus traseros. Intervienen en lo económico, en lo político y hasta en lo histórico e ideológico.
Reducir la II República a la quema de conventos, a desórdenes y públicos y asesinatos es tan injusto como reducir el gobierno del Molt Honorable a la trama Gürtel, a unos trajes regalados y a unos amigos poco deseables que se han estado aprovechando de los políticos del PP para medrar económicamente. De igual modo no resulta sorprendente que estos liberales y demócratas de toda la vida se olviden de lo que representó una dictadura de cuarenta años para un país que se vio sometido a una guerra civil de tres años por culpa de un golpe de estado, al partido único, a la represión y persecución política, al tribunal de orden público y a miles de ejecutados y exiliados por el simple hecho de discrepar.
Que todo esto lo desconozca el ignorante de Camps es comprensible pero que se le escape a Blasco, quien en su juventud militó en el FRAP (grupo armado antifranquista), después en el PSOE hasta que fue expulsado tras un caso de corrupción y, finalmente, en el PP, donde ha ejercido diferentes responsabilidades es cuanto menos "indignante, vergonzoso, maniqueo, torticero y manipulador", como lo ha calificado Ana Noguera. Pero volvamos al principio, sólo de esa manera el tal Blasco ha podido mantenerse en el despacho oficial durante décadas. Con unos y con otros.
Cuanto antes nos demos cuenta de que no son demócratas, sino que sólo utilizan la democracia para sus propios fines económicos, antes nos daremos cuenta de la democracia de baja calidad e intensidad en la que nos han metido y como añoran aquellos tiempos del cara al sol y el catón. En Alemania la negación del Holocausto es un delito, pero aquí en España, la negación de la dictadura franquista todavía es vista con esa benevolencia digna de la "gente de bien" que piensa que el dictador no era más que un anciano venerable y con la comprensión de los buenos españoles herederos del espíritu de concordia de la Transición.
Aunque no sé porque me da la impresión que esto no es más que otra cortina de humo para tener entretenido al personal y desviar la atención de los auténticos problemas que tienen. Aunque hay que reconocerles que en el fondo lo hacen pero que muy a gusto, lo llevan en su ideología, es parte de su herencia.
Pues sí, no hay duda de que el PP tiene un sustrato heredero del franquismo y cercano a las tendencias más fundamentalistas de la Iglesia Católica, llámese Opus Dei, llámense Legionarios de Cristo. Pero conviene tener presente que también, como en el caso de nuestro partido (el PSOE) el PP es un partido de masas cuya característica fundamental es el abanico ideológico y en consecuencia hay también un ala liberal y en cierta maedida laica y republicana; lo que pasa es que como el ala izquierda del PSOE, el ala liberal del PP es minoritaria.
ResponderSuprimirEl tema de las alas de los partidos es algo consustancial con cualqyuier organización política, con cualquiera de ellas. El problema es que desde los tienpos de Ansar se dice que en el PP todos opinan igual. Y no es así. Pero por desgracia, cada vez con más frecuencia, se les escapa la vena carca tardo-franquista, incluso a quienes se definen como liberales pero que no son más que un atajo de autoritarios intervencionistas con ansias adoctrinadoras.
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