Entiendo perfectamente que Rajoy prefiera los mítines y las ruedas de prensa donde contesta lo que le viene en gana aunque no tenga nada que ver con la pregunta que se le hace -y eso también lo ha aprendido muy bien de Cospedal- a un debate serio, con propuestas y compromisos en el Congreso de los Diputados. Y es que Rajoy tiene un problema multiplicado por doce, cada uno de los debates sobre política económica que lleva
'Rajoy se encuentra ante un dilema de difícil solución'
en su haber con el Presidente. Un problema que se puede resumir en una imagen muy gráfica: el globo se deshincha. Por mucho que lo pretenda la tribuna de oradores del Parlamento no es lugar adecuado para la demagogia a que nos tiene acostumbrados el líder del PP. Frente a miles de militantes no hay problema en decir las barbaridades más gordas que a uno se le puedan ocurrir pero cuando se está en un lugar donde prevalece la importancia de la palabra y las ideas esa táctica se viene abajo aunque la haya practicado con asiduidad. Jamás un líder de la oposición ha insultado y descalificado al Presidente del Gobierno de la nación tanto como lo ha hecho Rajoy desde 2004.
Todas las descalificaciones a las que ya nos tiene acostumbrados cuando habla de Zapatero con el tono despectivo que utiliza no sirven de nada cuando debe enfrentarse con él y mantener un debate con propuestas y soluciones que permitan llegar al consenso que esperan todos los españoles para salir de la crisis. Y es ahí donde se le plantea el gran dilema: si expone sus propuestas económicas se suicida políticamente porque las recetas que defiende no son distintas de las que predica Aznar y es por eso que no puede salir de las vaguedades y generalidades que lee cada vez que interviene en el Congreso; y si no acepta la propuesta de pacto ofrecida por Zapatero van a quedar al descubierto sus verdaderas intenciones que ya toda España sospecha. En cualquier caso tiene difícil solución en la encrucijada en la que se halla.
No hay debate con el Presidente del Gobierno del que se pueda afirmar que haya vencido y convencido más allá de soltar algún improperio, cuando no insulto o gracieta -sea o no gallega- para conseguir los aplausos de su propia bancada. Ha llegado el momento de la verdad. Si realmente antepone los intereses nacionales a los suyos y los de su partido hará todos los esfuerzos necesarios para pactar unos acuerdos que deberían implicar a todo el arco parlamentario; pero si no es así y continúa con la ya conocida estrategia del no a todo y por sistema quedará desenmascarado ante la ciudadanía y demostrará que el interés general no es el suyo y que su única intención no es más que una, llegar a la Moncloa al precio que sea, aunque para ello haya que pasar por encima de todos los españoles.
Ayer Rajoy volvió a quedar en evidencia. Es su destino ante Zapatero.
Ayer Rajoy volvió a quedar en evidencia. Es su destino ante Zapatero.
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