Entre la cantidad de informaciones que aparecen hoy en la prensa nacional e internacional no cabe duda que hay una que destaca por justa y humana sobre todas las demás: la candidatura de la Fundación Vicente Ferrer para el Premio Nobel de la Paz. Aunque tarde, llega muy tarde, justo es valorarla en lo que representa y se merece.
Quien debió llevarse ese premio fue el mismo Vicente Ferrer antes de su muerte. Jamás entendí ni entenderé como se ha podido dar el mencionado galardón a determinadas personas que no mencionaré y que jamás nadie pensara en Vicente Ferrer. La actual candidatura posiblemente trate de enmendar ese error o de subsanar una injusticia a todas luces clamorosa. Es el premio, el que se hubiera prestigiado por el hecho de habérselo concedido en vida.
Vicente Ferrer fue un ejemplo a seguir. Los demás somos muy pequeños a su lado y los políticos que tenemos actualmente deberían tomar ejemplo de lo que es trabajar para el pueblo. ¡Qué callada ha estado la "Iglesia oficial" con su muerte! Si con la muerte de Juan Pablo II la gente gritaba animados por no sé quien aquello de "santo súbito" es evidente que Vicente Ferrer -que jamás hubiera pedido ni pidió ningún reconocimiento ya es un santo que sin estar en los altares cumple el requisito fundamental para serlo -y que evidentemente no es haber hecho tal o cual milagro- , ser un referente y un ejemplo a seguir no sólo para cristianos -practicantes o no- sino para todos los que nos consideramos miembros de la raza humana. Qué lástima que sólo tengamos Roucos,Cañizares y demás...¡Y qué desgracia!

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