viernes, 15 de enero de 2010

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El valle de lágrimas de Munilla

Cuando en la España de la Inquisición los tribunales del Santo Oficio torturaban los cuerpos de los reos decían preocuparse por la salvación del alma de unas personas a quienes daban ya por condenadas. ¿Por qué preocuparse por el cuerpo cuando se tiene previsto quemarlo o descuartizarlo?

Cuando el obispo de San Sebastián se atreve a afirmar en una entrevista en directo en la cadena SER que "hay males mayores que lo de Haití, como nuestra situación espiritual" no hace más que seguir el mismo razonamiento y los mismos patrones que los que ponía en práctica la Inquisición. Luego se extraña que se le califique de ultraconservador. Es lo mínimo. Posiblemente él continúe viviendo en un valle de lágrimas. El mismo valle de lágrimas al que la Iglesia medieval condenó a los católicos durante siglos. Pero son millones, creyentes y no creyentes, los que luchan cada día por convertir este mundo en un lugar más habitable y que aspiran a conseguir la felicidad -dentro de lo que cabe- antes de que Caronte les lleve al mundo de los muertos donde se supone que la encontrarán. Hay millones de personas que no se resignan a que el "valle de lágrimas" de Munilla dure para siempre y consideran que además de preocuparse de la salvación del alma hay que trabajar por el cuerpo mortal. Ante individuos como éste cuánto se echa de menos a Juan XXIII. Munilla y la realidad de la sociedad actual sí que son dos mundos distintos.

3 interesantes opiniones:

  1. El valle de lágrimas es el nuestro, que hemos de soportar a este sujeto y al resto de mendrugos de su calaña.

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  2. Pero ahí los tienes haciéndose las víctimas. Perseguidos como si de la época romana se tratara.

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  3. Este señor va camino de hacer carrera. En unos años, presidente de la conferencia episcopal como mínimo.

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