Xavi Castillo es un bufón -en el mejor sentido de la palabra- que recorre la geografía valenciana con un humor ácido y nada complaciente con lo que le rodea. Nada escapa a su crítica. Sus monólogos son algo más que geniales. Duros y divertidos con la clase política que nos gobierna. No le duelen prendas para dar cera -y de la buena- a
Rita Barberá,
Camps, La Copa América y todo lo que se ponga a tiro. Cuando alguien le pregunta por qué no critica a
Alarte -Secretario General del PSPV-PSOE- siempre responde lo mismo: ¿quién es Alarte?, ¿quién conoce a Alarte?, ¿qué ha hecho Alarte para que lo critique?
Es duro reconocerlo pero para que te alaben o te critiquen hay que haber hecho algo más que tener un cargo.
Cuántas veces hemos hablado del estado -sino agónico sí anémico- en el que se encuentra el PSPV desde hace casi quince años. A efectos prácticos no existimos. El partido que otros tiempos fue un referente de modernidad y progreso que tenía representación política, vecinal, en organizaciones y asociaciones dejó paso a un esqueleto cuyo único soplo de vida reside en el grupo parlamentario de Las Cortes. Reconozco el buen hacer y la entrega de Ángel Luna, voz y rostro de los socialistas en el Parlamento valenciano. Aunque sé que recibe críticas de muchos compañeros y aunque discrepe en temas concretos con algunos de sus planteamientos no sería justo si no reconociera en él una capacidad intelectual, política y de esfuerzo encomiable. ¿Y qué más? Pues poco más.
En el Congreso del año pasado se tomaron decisiones políticas y organizativas encaminadas a mejorar la estructura del partido, a hacerlo más dinámico y adaptarlo a la realidad de los nuevos tiempos. Se cambió la estructura comarcal por la provincial porque se suponía que la comunicación y la organización sería más efectiva. ¿Pero qué se ha hecho desde las distintas Secretarías provinciales?
Jorge Alarte ganó por sólo 20 votos pero se ganó todo el derecho del mundo a dirigir esta partido. Enseguida se alzaron voces reclamando la integración de los que habían salido derrotados pero que representaban a media organización. ¿Se llevó a cabo un esfuerzo de integración? Alarte no era, no es parlamentario lo cual dificulta su visibilidad para transmitir el mensaje. Pero Alarte es alcalde. Creo que ha llegado el momento de priorizar y decidir si debe seguir en la alcaldía o renunciar a ella y ocuparse de levantar un partido que no anda.
Su primera ocupación dentro del partido debería pasar por facilitar la integración de todos los sectores del socialismo. Ximo Puig, Romeu, Calabiug, Alfred Boix... todos suman y nadie es prescindible. Levantar al PSPV ha de ser tarea de todos. Si no se fortalece al partido si no se lleva a cabo una buena intendencia no hay viabilidad posible. No podemos presentarnos como una alternativa al pueblo valenciano si antes no fortalecemos nuestra casa. No es aceptable que con 23.000 afiliados no se puedan cubrir las mesas electorales de interventores mientras el PP presenta dos en cada mesa. Me daba vergüenza el domingo ver que en el colegio electoral en el que ejercí de Presidente de mesa había seis interventores y dos apoderados del PP y sólo un interventor y un apoderado del PSPV-PSOE. Hacer saber a la militancia que son más que necesarios imprescindibles no es sólo cuestión de decirlo en una asamblea o en un congreso; hay que creérselo y ponerlo en práctica. En Alicante, mi ciudad, con catorce concejales -el PP tiene 15- el partido no tiene voz, ni entidad ni fuerza ni presencia en la vida de la ciudad. Ni no fortalecemos a nuestros líderes no lo harán las urnas, sino consagramos a Alarte como Secretario General no esperemos que lo hagan las urnas.
Al mismo tiempo que ejercitar físicamente al partido y desarrollar el músculo del que carece Alarte se debe dar a conocer. Si Fraga se recorrió las veces que fueron necesarias los pueblos de Galicia, ¿qué problema hay en que nuestro Secretario General haga lo propio con los pueblos y ciudades de la Comunidad Valenciana? El trabajo es a medio y largo plazo pero visto lo visto, no hay estrategias a corto plazo para derrotar a un Partido Popular que se ha llegado a identificar tanto con la ciudadanía que le perdonan hasta la corrupción. No ocurrió lo mismo con nosotros que fuimos expulsados del gobierno autonómico pese a poder enorgullecernos de una buena gestión política.
Ayer hablaba de la nula presencia del Presidente Zapatero en nuestras tierras. Alarte debe hacérselo entender y exigirle un mayor compromiso y no sólo político -que sé que existe- sino de presencia. Los diputados y diputadas valencianos del PSPV que en otros tiempos eran un grupo importante con fuerza y entidad propia dentro del partido hoy no manifiestan esa fuerza, no se les ve.
Tampoco es cuestión, como pretenden algunos, de que nos mimeticemos con las propuestas del Partido Popular. Para eso ya están los conservadores. Nuestras propuestas han de ser genuinas, realistas y posibilistas. El electorado jamás votará una copia teniendo al original.
No podemos ser complacientes con ningún caso donde haya sombra de dudas sobre la actuación política. Eso debemos dejarlo para el PP pese a que les votan. Como dice muy bien Ángel Luna: "no es una cuestión de táctica, sino de principios".
Soy consciente que estas opiniones no van en la línea de la autocomplacencia o de justificar las derrotas. Es más, pueden resultar incómodas para más de un compañero que puede incluso pensar que o no es para tanto o son injustas. Pero como dice Andrés Perelló: así es la vida y así son las cosas. La situación del PSPV no es para resumirla en un post. Más bien haría falta una tesis completa pero espero haber aportado desde mi militancia y mi compromiso con el partido una visión realista en algunos aspectos. En otros creo que la realidad es incluso peor. Aceptar que llevamos tres lustros sin que pase nada y querer seguir igual sólo da para tirar la toalla e irse a casa. Pero como no queremos que eso ocurra, como no quiero que eso llegue a pasar, como sigo creyendo en este proyecto, como sigo pensando que tenemos mucho que ofrecerle a la sociedad, tenemos la obligación de ofrecer un proyecto alternativo a los valencianos y valencianas. Se lo debemos. Estamos en deuda y las deudas hay que saldarlas.
Continuará.