Lo dije en su momento cuando Camps fue increpado en la calle por un joven que le llamó "ladrón", "corrupto" y "desgraciado": la cosa se podía complicar bastante para el jefe del Consell si cundía el ejemplo. Bueno, pues el ejemplo parece que ha empezado a cundir, de lo cual no me alegro en absoluto porque la consecuencia es que la dignidad del cargo queda cada vez más a ras de suelo.
Una decena de jóvenes increpó a Camps en su visita a Petrer (Alicante) con gritos de "Camps dimisión", "cohecho" y "corrupto" pero en esta ocasión el acto público que estaba previsto inicialmente al aire libre terminó por trasladarse al interior del Ayuntamiento de la localidad para acabar con la protesta dado que los jóvenes optaron por seguir a la comitiva oficial que presidía el jefe del Consell durante el recorrido que se realizó por las distintas dependencias municipales motivo de la visita.
Este episodio se convierte así en todo un aviso para navegantes de lo que puede convertirse cada uno de los actos públicos que realice Francisco Camps a partir de ahora consecuencia de su decisión de tomar la huída hacia adelante como estrategia. Pero esa huída convierte cada día de su mandato en una estación más del vía crucis personal que ha elegido vivir el Molt Honorable. Lo que no sabemos es si con este sufrimiento libremente elegido lo que persigue es que le canonicen como pago a su preocupación por el bienestar de los valencianos.
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