Los agricultores y ganaderos en general suelen ser gente pacífica ocupada las veinticuatro horas del día por sobrevivir frente a la climatología que arruina en pocas horas el trabajo de todo un año, las enfermedades y epidemias que cada dos por tres ponen en jaque sus ganados, los intermediarios que les pagan una miseria por sus productos pero sacan sus buenos beneficios y la burocracia de una administración europea que con más frecuencia de la deseada no les trata con la justicia que se merecen.
Es entonces cuando sacan la mala leche y de personas sosegadas y pacificas se pueden convertir en auténticas turbas capaces de lo que sea para defender lo suyo. De eso los españoles sabemos algo. Aún nos acordamos cuando los franceses nos volcaban los camiones con lo mejor de nuestra fruta y verdura que iba destinada a los mercados europeos. Pero parece que aquello ya pasó. Claro que de vez en cuando siempre queda cierta mala leche para hacérsela probar a las fuerzas de seguridad en alguna refriega. Si en la canción de La Trinca los proyectiles y los misiles eran las zanahorias y las berenjenas en esta foto más bien parece que la mala leche va directa sin intermediarios de la teta de la vaca al escudo protector del policía. Poco parece que vaya a hacer un buen chorro de leche caliente frente al equipo de las fuerzas de seguridad pero seguro que le obliga a limpiarlo a fondo para evitar el olor agrio que recuerda al mismo perfume que suelen tener las madres cuando amamantan a sus bebés.
Y mientras ahí está la vaca sin derecho a protestar. A la pobre nadie le ha pedido permiso para convertirse en el sujeto paciente de una agresión a la autoridad.

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