lunes, 12 de octubre de 2009

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Una vacuna


No estaría nada mal tener una vacuna que poder administrar a los políticos en el momento de ser elegidos para un cargo de forma que les libre de las tentaciones a las que seguro se van a ver sometidos desde ese momento. Una vacuna que acentúe su honradez y les vuelva inmunes antes los cantos de sirena de quienes buscan medrar a su alrededor. Pero tampoco estaría nada mal que la misma vacuna sirviera para los electores de forma que una vez injerida nos permita discernir la realidad con tal claridad de ideas que no volvamos a votar a quienes han caído en las redes corruptas. Sería fantástico, una vacuna contra las malas tentaciones de unos y de otros. Pero me temo que eso no es posible. Deberemos seguir confiando en la honradez de unos y el buen criterio de otros aunque cada día tengamos pruebas más que evidentes que ni todos son tan honrados ni tan sensatos.

Por eso mismo no deja de ser descorazonador contemplar a unos corruptos pillados con las manos en la masa, que consideran que el votante es imbécil y siguen mintiéndole cien veces para que acabe aceptando como verdad lo que no es más que la evidencia de su delito. Y no deja de ser deprimente constatar como una parte importante de sus votantes siguen apoyando a estos personajes como si de hijos se tratara. Hijos propios de los cuales conocen sus debilidades pero no están dispuestos que los otros, de fuera de casa, se las recuerden. Porque seguro que los otros también tienen hijos con los mismos defectos o incluso más.

La corrupción, que es consustancial con la naturaleza humana, no debería ser patrimonio de nadie pero la hemos patrimonializado y aceptamos que -como tenemos que vivir con ella- es preferible que sean nuestros corruptos los que nos gobiernes antes que lo hagan los corruptos de los otros. Pero contrariamente a lo que ocurría al final de la película de Amenábar "Los otros" y los nuestros -en este caso- son los mismos.

2 interesantes opiniones:

  1. Buena idea, pero llegamos tarde, que ahora ya están enfermos. Las vacunas son para prevenir la enfermedad y no para curarla. Las urnas, en cambio, sirven para todo, igual para un roto que para un descosido, y aunque no veo yo que prevengan la podredumbre sí que por lo menos pueden contribuir a retirarla de la circulación, votemos pues.

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  2. Nunca es tarde si conseguimos que alguien se de cuenta y corra la voz.

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