Cuando me he sentado para dejar el post de hoy dudaba entre escribir sobre Ricardo Costa o Alejandro Amenábar y "Ágora" y admito que la decisión ha sido bastante fácil. Por dos motivos: el primero porque soy uno de los que vieron la película este fin de semana y además me gustó y el segundo porque he leído un artículo de Matías Vallés en el que pone a parir la película y me gusta ir a la contra, sobre todo cuando creo que la crítica es injusta.
Yo también soy un ferviente admirador de "La vida de Bryan" como Vallés. Me pilló en mi época de estudiante, con diecinueve años, y descubrí una perspectiva nueva de las religiones. Cada cual puede pensar lo que mejor le parezca y los gustos son como los colores, diversos. Faltaría más. Películas como "Ágora" no son frecuentes porque hasta ahora hemos visto siempre al cristianismo de los albores como una religión de perseguidos, de mártires, de blandos en el sentido melifluo de la palabra. Pero ahora se nos presentan como perseguidores, los verdugos de aquellos que se niegan a convertirse. No son los únicos extremistas, no son los únicos radicales, no son los únicos integristas pero han conseguido el poder y lo ejercen sin compasión con aquellos que no se avienen a abrazar su creencia.
Ya desde el principio se oponen a la ciencia, a todo aquello que pueda poner en duda la palabra sagrada. La fe por encima de la posibilidad de hacer avanzar la sociedad en un mayor conocimiento del mundo que le rodea, la fe como freno al progreso. ¿En qué habían cambiado cuando condenaron a Galileo? ¿En que han cambiado cuando condenan hoy los avances científicos que suponen nuevas posibilidades de concebir un hijo o de que nazca sin determinadas enfermedades? Ciertamente en poco, en bastante poco.
El desprecio por la mujer y su papel dentro de la sociedad y de la propia organización de la iglesia era total y absoluto y la concepción del papel femenino supeditado a los deseos del hombre. ¿En qué han avanzado desde entonces?
Y por encima de todo la supeditación del poder civil al poder religioso. Lo hicieron y lo siguen intentando hoy. ¿En qué se diferencian de otros integrismos? Desde mi punto de vista en que los países donde tienen su mayor influencia no van a permitirles que sean ellos los encargados de legislar con la Biblia asida con ambas manos. Pero ya lo intentan, lo siguen intentando.
Con independencia de las cuestiones técnicas de la película, de si emociona más o menos, de si aparecen lapidaciones -como critica Vallés- y de otros aspectos menos relevantes creo sinceramente que nuestros jóvenes deben ver la película para que entiendan donde conduce la intolerancia y el fanatismo de cualquier religión. ¡Cuántos millones de muertos por guerras religiosas lleva a cuestas la historia de la humanidad! Y los que quedan.
Entiendo perfectamente que a una parte de la Iglesia y la derecha española no le guste verse reflejada en la película. La cinta de Amenábar es una dura crítica al fanatismo más sectario que no es difícil trasladar a nuestra sociedad actual llena de organizaciones cada vez más integristas que se han proclamado herederas de la palabra de Jesús y que dudo que el mismo Jesús se reconociera en ellas. Amenábar ha tocado puntos muy sensibles, lo que sin duda es un acierto. Como lección no está nada mal advertir que los fanatismos conducen a un retroceso peligroso para cualquier sociedad y para la humanidad en su conjunto. Y hablar de eso hoy en día es casi un desafío no exento de peligro.
Aún no he podido ir a ver la peli, pero es una de las que tengo "obligación" moral de visionarla. Gracias por tu comentario, sobre todo porque estos días, como dices, la crítica se está ensañando con el filme.
ResponderSuprimir