Las imágenes no son siempre lo que parecen sino miren bien la que da título a este post. Lo que debería ser el beso reverencial de un feligrés a su pastor es en realidad el beso reverencial de un feligrés encargado por sus conciudadanos de entregar a su pastor la carta de la queja, la carta de la reclamación de un pueblo que ha visto como se ha usurpado un bien de titularidad pública y se ha registrado a nombre de un dueño al que no le pertenece.
El portador de la misiva es el "cartero del pueblo" de Xàbia -Alicante- quien llevó hasta las manos del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, la misiva reivindicativa para que devuelva a la titularidad pública la iglesia de Sant Bertomeu que fue registrada por el párroco a nombre del arzobispado el pasado 21 de agosto apelando a un "privilegio inconstitucional (el artículo 206 de la Ley Hipotecaria) para "usurpar un bien que histórica y tradicionalmente es del pueblo de Xàbia".
No debe tener el señor arzobispo muy tranquila la conciencia cuando, ante el intento de intercambiar unas palabras por parte de un representante del colectivo redactor de la carta, le dio esquinazo al tiempo que le daba también la bendición. Carlos Osoro se guardó a toda prisa la carta en un bolsillo de la sotana. Apenas había departido un minuto con el colectivo de jóvenes que había ido a confirmar.
Eso sí, los feligreses jamás perdieron la compostura y las buenas formas ante quien reconocen como pastor y autoridad de la Iglesia. El negro riguroso del cartero y el beso en el anillo ponen a cada uno en su sitio a pesar de quejarse del "silencio y el secretismo" de la diócesis.
Cuando un particular registra una propiedad que no le pertenece se pone en marcha el procedimiento para restaurar la propiedad a su legítimo dueño, en este caso el Ayuntamiento de Xàbia, pero desde el punto de vista moral y cristiano ese acto tiene un nombre, pecado. Quien registró y quien consintió han pecado con independencia de si la justicia civil considera posteriormente que hay indicios de delito.
Porque no todos los pastores son iguales. Ya lo advirtió Jesucristo.

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