La corrupción es una de las peores lacras que pueden afectar a un sistema político. Nadie se puede extrañar que haya corrupción en un sistema totalitario porque está en su misma esencia. Las dictaduras -sean del color que sean- son corruptas por principio y en el pecado llevan la penitencia. Pero en un sistema democrático cada vez que se da un caso de corrupción se manda un misil a la misma línea de flotación del sistema. La sociedad tiende a entrar en una espiral de desconfianza hacia la política y los políticos y se llega a confundir unos con otros. Todos son iguales, se suele decir desde la calle. Pero no, no todos los políticos son iguales ni todas las reacciones ante un mal tan sangrante son iguales.
No hay alternativa: o se apoya a los corruptos o se está contra ellos. No valen medias tintas. Con independencia del partido al que pertenezcan, con independencia de si lo sustraído es mucho o poco la inmoralidad es la misma. No puede haber corruptos de derecha, corruptos de izquierda y corruptos independientes. Ni la derecha, ni la izquierda pueden aceptar en su seno a nadie que lleve sobre sus espaldas o sobre su traje la mínima sospecha de una conducta inapropiada, la mínima mancha de una decisión sospechosa. Permitirlo es tanto como consentir el robo, tolerar el saqueo de los fondos públicos y amparar los comportamientos indignos.
El alcalde socialista de Santa Coloma de Gramanet, Bartomeu Muñoz, ha sido detenido por orden del juez Baltasar Garzón por un presunto delito relacionado con blanqueo de dinero, cohecho y tráfico de influencias junto con el concejal de Urbanismo de la localidad, Manuel Dobarco, así como el ex diputado socialista en el Parlamento catalán Luis Garcí,. Otros detenidos -también muy conocidos- no pertenecen al PSC. Más allá de lo que ocurra durante el procedimiento judicial estas personas han quedado inhabilitadas para ostentar la representación de unos ciudadanos cuya confianza han quebrado con una actuación indigna de un cargo político que tiene como función principal la de servicio. Los jueces determinarán si son culpables o inocentes pero a partir de este momento su actividad pública ha acabado.
Me enorgullece comprobar la reacción tanto del PSC como del PSOE que ya han anunciado que si la autoridad judicial toma medidas que afecten a los cargos electos llamados a declarar les exigirán su renuncia como concejales además de suspenderlos de militancia y de todos los cargos que ocupan. Respetar la presunción de inocencia de todos los investigados o detenidos, por supuesto, pero defender la inocencia del alcalde Bartomeu y el resto de imputados de ninguna manera.
El daño cometido es importante y la confianza rota difícil de reparar. Sólo una actuación responsable y contundente por parte de la dirección del partido puede enviar el mensaje que no se está dispuesto a tolerar estos comportamientos y que servicio público y aprovechamiento personal son incompatibles. La reacción ha sido rápida y adecuada. ¡Ojalá siempre se actuara igual! ¡Ojalá todos actuaran igual!
Creo mal que me pese, que a estas alturas y como está el patio está cada vez más claro que lo de "la presunción de inocencia" se ha convertido en "un lujo" que nuestra democracia no se puede permitir en temas de corrupción
ResponderSuprimirLa presunción de inocencia es básica en un sistema garantista como el nuestro pero al mismo tiepo las responsabilidades políticas deben derivarse inmediatamente.
ResponderSuprimirCreo que lo más importante de esto es ver como la fiscalía y algunos jueces están siendo contundentes contra la corrupción. Una lástima que otras partes de la judicatura pretendan que España siga siendo un paraiso para el político corrupto, como buen país latino.
ResponderSuprimirHay otra cosa importate, y es que creo que debemos interiorizar que la alternancia es positiva, y que los políticos que se creen los amos del cortijo y que no van a perder nunca multiplican por mucho sus posibilidades de ser corruptos.
Lamentablemente el sistema bipartidista lleva a que la alternancia sea difícil en muchos casos. Creo que un multipartidismo como el Alemán sería mejor, aunque la razón más importante es la mentalidad del país, la poca capacidad auditora de la ciudadanía, las afinidades políticas inquebrantables y nuestro caracter latino tan dado a esto.
Creo que tenemos el sistema bipartidista imperfecto que quiere la sociedad española. Y no me parece ni bueno ni malo. Desde mi punto de vista hay otros factores que contribuyen a que tengamos una democracia de baja calidad en muchas ocasiones. Y si queremos un cambio hay que reformar la ley electoral en profundidad para conseguir una representación más ajustada al voto popular, para que un voto tenga el mismo valor en todas partes, para que la democracia sea más directa y para que los políticos corruptos sepan que no van a poder seguir en sus cargos un segundo más allá de ser descubiertos. Pero, ¿quién le pone el cascabel el gato? Deberían hacerlo los partidos políticos que serían los primeros beneficiados de ello ante la opinión pública que vería con hechos que practican lo que predican.
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